Siete de cada 10 mujeres juarenses son víctimas de violencia doméstica

(Verónica Domínguez Ogaz/Borderzine.com)

La violencia contra la mujer no es normal. (Verónica Domínguez Ogaz/Borderzine.com)

CD JUAREZ – Mientras sus dedos recorren la fea cicatriz que surca una de sus mejillas, Clara aún recuerda la ultima golpiza que hace seis años le propinó su esposo.

Tras sufrir un matrimonio marcado por el estrés, agresión y pesares, ella finalmente obtuvo el divorcio hace cinco años.

Hoy su voz suena tan serena que cualquiera diría que su historia de agresión no es real. Asegura que esa tranquilidad se debe principalmente a los cinco meses de terapia psicológica que recibió en un centro de atención, sitio en donde especialistas le ayudaron a recobrar su dignidad y a mitigar el dolor.

Clara recuerda que mientras estuvo casada su entonces marido no bebía alcohol ni consumía drogas e inclusive le respetó su forma de vestir y las relaciones de amistad y familiares que mantenía. Sin embargo, eso no impidió que ella fuera una víctima más de la violencia doméstica.

Bastó que en una ocasión su esposo la amenazara con un filoso cuchillo para desde entonces comenzar a sentir “mucho miedo”.

Casa Amiga fue fundada por la activista Esther Chávez Cano. (Verónica Domínguez Ogaz/Borderzine.com)

Casa Amiga fue fundada por la activista Esther Chávez Cano. (Verónica Domínguez Ogaz/Borderzine.com)

Actualmente el caso de Clara forma parte de las estadísticas de la violencia doméstica presentadas en esta ciudad fronteriza en donde siete de cada diez mujeres son víctimas de agresiones dentro del hogar.

Clara cuenta que vivía económicamente bien y siempre estuvo en casa atenta a las necesidades de su esposo e hijos. Pero cuando disminuyó el trabajo en la empresa en donde su esposo laboraba, ella debió encontrar empleo para poder sufragar los gastos del hogar.

Aunque a él no le molestó que trabajara, Clara señala que partir de ese momento los problemas en su relación matrimonial se agudizaron.

Los tipos de violencia

Existen varios tipos de violencia, explica María Villa, psicóloga de Casa Amiga, Centro de Crisis, A.C., una organización de la sociedad civil, sin fines de lucro, que brinda asesoría jurídica, psicológica y médica a las víctimas además de ofrecer  programas que ayudan a prevenir y erradicar la violencia doméstica.

En honor a su fundadora, el nombre de esa asociación de apoyo a las víctimas de la violencia doméstica en esta ciudad se transformó al de Casa Amiga Esther Chávez Cano.

Villa advierte que la violencia física es la que más se puede denunciar ante las autoridades porque es la que más evidencia deja en las víctimas. Estas agresiones van desde los golpes hasta los estrujones, jalones de cabello y pellizcos, entre otros que dejan huella en la piel de las personas agredidas.

También se presenta la agresión emocional o psicológica en donde el hombre busca ejercer el control a través de celos, burlas sobre la apariencia física de su pareja, hasta amenazas de quitarles a los hijos si denuncia o bien provocarle daño si ésta decide terminar la relación personal.

La violencia sexual se caracteriza por obligar a la esposa a sostener relaciones sexuales sin consentimiento.

Otra forma de agredir es a través de la destrucción de la propiedad. Se registra cuando la pareja destruye los vehículos, muebles de la casa o cualquier otra propiedad o bien material.

Una más es la “violencia invisible”. Se denomina así porque nadie se da cuenta porque la mujer la oculta por temor o vergüenza. Se presenta cuando marido le prohíbe a su pareja teñirse el cabello, vestirse de una manera, entre otras limitaciones. En este caso la mujer tiende a descuidar su apariencia personal, apunta Villa.

De acuerdo a la especialista, la violencia económica es otra forma de control sobre la mujer y se hace más profunda cuando éstas no trabajan y dependen del sueldo que recibo el esposo. Cuando la mujer necesita cosas personales, su pareja puede presionarle no proporcionándole el dinero o bien exigiéndole notas o comprobaste de cada gasto.

“A mis familiares nunca les gustó como me hablaba mi esposo, pero yo nunca les hice caso porque  para mí eso era muy normal”, rememora Clara.

Otro de los mitos acerca de la violencia contra la mujer es que ésta se presenta solamente en situaciones de pobreza, aclara a su vez Lidia Cordero, representante de  Casa Amiga Centro de Crisis, A.C.

Violencia doméstica desde el punto de vista cultural

Actualmente se vive en una sociedad machista en la que culturalmente algunas de las madres educan a sus hijas para servir a los hombres. Y los hombres piensan que las mujeres tienen la obligación de hacerlo, comenta así la terapeuta María Villa.

“Te llegas a acostumbrar tanto que ya un insulto y a cualquier cosa; a mi hermana le platicaba, pero como en  mi familia vivimos violencia cuando éramos niñas por parte de mi mamá, ya  se nos hacía muy normal que a nosotros nos pasara lo mismo”, platica Clara.

Como cambió el rol de la mujer con la llegada de las maquilas a Ciudad Juárez

Existen varios tipos de violencia, explica María Villa, psicóloga de Casa Amiga. (Verónica Domínguez Ogaz/Borderzine.com)

Existen varios tipos de violencia, explica María Villa, psicóloga de Casa Amiga. (Verónica Domínguez Ogaz/Borderzine.com)

Desde que se establecieron las maquiladoras en los años 70 en esta frontera, la mano de obra femenina  ha sido la más codiciada dentro de ese sector productivo.

Fue entonces que roles dentro de la familia juarense se invirtieron. El hombre desempleado comenzó a cuidar de los hijos y a atender las labores del hogar. Con lo que ganaban en las maquiladoras, las mujeres se convirtieron en las jefas del hogar, aportando o contribuyendo con los gastos económicos.

El poder y el control ya no lo tienen en algunos casos los hombres y eso se convirtió en un detonante para ejercer violencia hacía las mujeres, advierte así un estudio sobre los feminicidios en Ciudad Juárez y la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer.

Este fue el caso de María, actualmente ama de casa de 40 años y con cuatro hijos que mantener.

En los últimos cinco años María se desempeña como empleada de una maquiladora.

María cuenta que a través de 18 años logró conservar un matrimonio feliz pero paulatinamente terminó por deteriorarse porque ella era quien mantenía económicamente a su esposo e hijos.

Hoy su semblante luce triste y sus ojos se enrojecen cuando relata su dura experiencia.

María todavía está adolorida del cuerpo a una semana de que su esposo la agrediera física y verbalmente. Dice sentirse sorprendida por esa situación, pues es la primera vez que su marido le  jaló de los cabellos y la estrelló contra el piso varias veces en presencia de sus hijos.

A pesar de que en su infancia sufrió al ver las peleas y golpes constantes en el seno de su familia, María creció con la firme convicción de que en su matrimonio no se repetiría la misma situación, pues ella quería una vida mejor.

De acuerdo a las terapeutas, la experiencia de María es similar a la de otras víctimas de violencia domestica que no percibieron a tiempo varias señales que anticipaban la crisis que luego enfrentarían, como es la falta de confianza en la relación de pareja.

“Antes me daba el dinero para que yo lo administrara… pero después mi marido se encargaba de hacerlo sin tomarme en cuenta”, expresa una de las víctimas.

De acuerdo a estudios locales sobre el tema, 34.8% de la población de mujeres juarenses ha sufrido alguna forma de violencia en su vida.

La violencia no distingue fronteras

Organizaciones  tanto de Ciudad Juárez como en la ciudad de El Paso, Texas, se abocan a apoyar en estos casos. Las víctimas de violencia en esta región fronteriza tienen opciones para ser atendidas y acompañadas hasta su sanación.

Entre los numerosos servicios que presta Casa Amiga se encuentra el de una biblioteca abierta para la comunidad. (Verónica Domínguez Ogaz/Borderzine.com)

Entre los numerosos servicios que presta Casa Amiga se encuentra el de una biblioteca abierta para la comunidad. (Verónica Domínguez Ogaz/Borderzine.com)

Para tratar de remediar la tristeza y dolor a cuestas, actualmente María acude a recibir asesoría legal y terapia psicológica. No le perdona a su marido que la haya agredido, pero sobre todo que le haya pateado sus costillas con los zapatos de punta reforzada que usa para el trabajo.

A diferencia de Clara que esperó 15 años para divorciarse e interponer una denuncia, María  no quiere exponerse a otra golpiza. Es por ello que hoy busca la ayuda de organizaciones que ofrecen programas de apoyo en ambos lados del Río Bravo.

La protección de la ley

Cuando Clara decidió acercarse a la institución que la orientó  en el proceso de su divorcio, desconocía que la reforma más reciente a la “Ley  General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia”, estaba a su favor.

El Artículo 1 de dicha ley es claro. En éste se busca garantizar la prevención, atención, sanación y la erradicación de todos los tipos de violencia contra las mujeres.

Sin embargo, esto tiende a ser letra muerta cuando las víctimas que acuden ante la autoridad para denunciar las agresiones vuelven a ser agredidas por servidores públicos insensibles que cuestionan la calidad moral de las víctimas.

Es una cuestión cultural de la persona que está detrás de un escritorio, manifiesta Lidia Cordero.

Esta clase de funcionarios y empleados públicos hacen pasar a la mujer nuevamente por otro proceso doloroso; es una doble victimización de la mujer, coinciden Cordero y otras especialistas y defensores sociales.

Es por esa razón que la organización a la que se acercó María en busca de apoyo también está pendiente de que las políticas públicas se cumplan y que se sancione si hay incumplimiento por parte de cualquier servidor público.

Las organizaciones civiles que apoyan a la mujer agredida en Ciudad Juárez han logrado apuntalar sus objetivos gracias al Artículo 8 de dicha ley que promueve “la instalación y el mantenimiento de refugios para las víctimas y sus hijas e hijos”.

Para garantizar la seguridad de las víctimas, la ley prevé mientras éstas reciben apoyo psicológico y legal especializado y gratuito, la ubicación de estos centros debe ser mantenido en secreto.

“Es seguro que muchas otras mujeres desconocen esta ley; y también sus familias, sin embargo los tratamientos que brindan son integrales en cualquier organización civil”, coinciden sus representantes.

Como prevenir la violencia

Para Lidia Cordero la educación en la familia es muy importante para prevenir la violencia doméstica, es por eso que Casa Amiga imparte pláticas en niños desde los tres años.

Además esta organización trabaja en la comunidad y en las escuelas, llevando  su mensaje a través de obras de teatro.

Dentro de los programas que ofrece Casa Amiga a las mujeres que trabajan y no tienen con quien dejar a sus hijos en cuidado, se encuentra el servicio de guardería o estancia infantil.

Brinda además asistencia médica gratuita en caso de que las víctimas y sus hijos no cuenten con cobertura de seguro social. Sus instalaciones cuentan con una biblioteca abierta a la comunidad.

Casa Amiga fue fundada por Esther Chavez Cano y actualmente esa organización la encabeza la psicóloga Irma Guadalupe Casas Franco.

Esta organización la conforman también expertas que orientan a las mujeres en el proceso jurídico, en donde la decisión libre y voluntaria que finalmente tomen las mujeres siempre será importante.

La violencia no es normal

María escucha su nombre y se levanta del asiento apresurada  para iniciar con su primera sesión de terapia. Los motivos que la animan a tomar esa decisión son diversos e importantes.

Principalmente ella quiere hacer entender a sus hijos que “no es normal que vivan creyendo que la violencia es normal”.

Antes de cruzar el umbral de la puerta María expresa con voz serena y firme: “no me da vergüenza contar mi historia; quiero que otras mujeres la conozcan, para que no les pase lo mismo que a mí”.

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