Trabajadoras del hogar: derechos no respetados ni exigidos

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Recuerda que la cobija era tan corta que no alcanzaba a cubrir totalmente sus pies, haciendo que el frío de enero entumeciera sus dedos. Lichita era prácticamente una niña que debía levantarse a las cuatro de la mañana, de lunes a sábado, a hervir los frijoles, hacer el café e ir por las tortillas y el pan de centeno que desayunaba toda la familia para la que trabajaba como sirvienta en la Ciudad de México.

A cambio de esa labor recibía 200 pesos mensuales, sin prestación adicional alguna y con los que tenía que lidiar a lo largo de ese período.

Hoy a sus 55 años, Licha, sigue en esa misma rutina de atender a los demás a cambio de un pago.   Se encuentra cansada y a la deriva pues nunca pudo ahorrar dinero para su retiro.  Y es que las empleadas domésticas, como ella, en México no gozan de ese derecho.

Hasta la fecha, la Ley del Seguro Social de México no obliga a los patrones a inscribir a las empleadas domésticas al régimen que les permita tener acceso al servicio de salud ni al ahorro para el retiro. De acuerdo con la ley, la inscripción al seguro social sólo se puede hacer en acuerdo de ambas partes y de manera voluntaria. Licha en sus más de 40 años como trabajadora del hogar, con distintos patrones, jamás ha recibido la propuesta de inscripción al seguro, ni ella lo ha exigido.

Entre escobas y trapeadores

Fregando-los-pisos

Fregando los pisos. Foto por Jonathan Álvarez Luis

Hace más de 25 años que Alicia González, apodada por sus patrones con el diminutivo de Licha o Lichita, llegó de la Ciudad de México a Ciudad Juárez, sin otro tipo de experiencia laboral más que el de mucama, ella encontró trabajo de empleada doméstica con una familia de gran poder adquisitivo, pues se dedicaban a la venta de mercancía para el hogar (toalleros, colchas, porta garrafones, baterías de cocina).

“eran buenos tiempos, cuando llegué a la ciudad podía encontrar trabajo fácil, pero como soy muy nerviosa sólo una vez trabajé en la maquila, y después de eso me dediqué todos estos años a limpiar casas”.

Con sus 55 años a cuestas, ella trabaja en una casa ubicada cerca de la Avenida de las Torres, en Ciudad Juárez, con una familia propietaria de una empresa de arneses y un gimnasio.

 La casa en la que trabaja esta empleada doméstica, tiene tres baños, una gran cocina, un comedor, una sala de entretenimiento, lavandería, cinco recamaras, dos grandes patios y tres perros que atender, menciona la trabajadora.

“Nomás me encargó de limpiar y planchar, casi no cocino, tengo que venir a dar de comer a los perros hasta en mis días de descanso, porque los patrones no están”.

Limpiando los vidrios de la patrona. Foto por Jonathan Uriel Álvarez

Limpiando los vidrios de la patrona. Foto por Jonathan Uriel Álvarez

“Me tratan bien, me dan mi sueldo y a veces me dan comida y otras cosas; estoy a gusto ahí, porque no me dan carrilla, ni están detrás de mí como en otras casas que he trabajado”, agradece.

  Cuenta que cuando era jovencita en la Ciudad de México le racionaban hasta los alimentos: un café negro, una tortilla y un huevo le daban para el desayuno. El domingo era su día de descanso y cuenta que se iba a pasear a Chapultepec con el resto de sus compañeras que también trabajaban de empleadas domésticas.

Formar parte de un sindicato no es una opción para esta trabajadora del hogar. “Está bien que hayan hecho un sindicato, pero yo no formaría parte de eso porque no tengo tiempo y no quiero que mis patrones se vayan a molestar y ya no me quieran dar trabajo”, dice.

De acuerdo con Adolfo Castro, a cargo de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, muchas empleadas del hogar no están dispuestas a formar parte de un sindicato por miedo a perder sus empleos o represalias que los empleadores pudieran tomar.

Alicia. Foto por Jonathan Álvarez

Alicia. Foto por Jonathan Álvarez

El grado de estudios de Licha es la primaria.   Menciona que no conoce sus derechos laborales.  “Nunca me he puesto a pensar en eso, lo que me interesa es mi sueldo y que no paguen tan bajo”. Su sueldo actual es de 750 pesos semanales sin cobertura médica.

Aclara que la patrona no le da seguro.  “No sabía que se podía. Tengo seguro por mi hija, si no, no tuviera. Cuando me enfermo la patrona me da dinero para atenderme o comprar mis medicinas”, explica.

Debido a que las empleadas domésticas no pueden cotizar semanas de trabajo ante el IMSS, (según la Ley del Seguro Social), Licha no tendrá acceso a una pensión, ni un ahorro para cuando le falten las fuerzas para seguir trabajando.

“Pues espero que mis hijos trabajen para cuando yo ya no pueda, y que se acuerden de que tienen una madre”.

Por su parte, Guadalupe Chávez, originaria de Durango lleva aproximadamente ocho años

trabajando como empleada doméstica en distintas regiones y ciudades del país, como Tijuana, Durango y actualmente en Ciudad Juárez.

Menciona que fue la necesidad lo que la orilló a buscar trabajo en las agencias de empleo. Debido a que solamente cuenta con estudios de primaria sus opciones eran pocas y decidió limpiar casas, afirma.

Guadalupe Chávez. Foto por Jonathan Álvarez

Guadalupe Chávez. Foto por Jonathan Álvarez

“Tengo un sueldo y otras ayudas. Me regalan ropa, zapatos, la lavadora que tengo, una tele, cosas así como en este tiempo de la navidad, me regalan cosas así”.

Esos son los beneficios con los que Guadalupe cuenta, sin embargo, su sueldo es de 500 pesos a la semana por cinco días de trabajo y ocho horas la jornada; además, sus patrones tampoco la han inscrito al Seguro Social.

“A veces, cuando me enfermaba pos sí me daba para que comprara la medicina, es muy buena patrona la que tengo”.

Guadalupe dice que hasta el momento no ha sufrido humillaciones ni actos de discriminación.   Según explica Adolfo Castro este tipo de actos y tratos por parte de los empleadores son una violación de los derechos humanos.  Afirma que estas violaciones son una constante entre las trabajadoras del hogar, sobre todo en el centro sur del país.

Al igual que Licha, Guadalupe no tenía conocimiento de que existe un sindicato de trabajadoras y trabajadores del hogar.

“Está muy bueno, yo siempre los trabajos me los busco en las agencias, y ahí he escuchado comentarios de las compañeras de que algunas sí han sido pues maltratadas o han pasado por cosas así, porque algunos patrones son muy déspotas, y sí está muy bien el sindicato porque hacía falta algo que nos protegiera”, opina.

Guadalupe dice que prefiere buscar trabajo por agencia porque se siente más protegida con respecto al trato que se le da.

“Lo respetan a uno más, porque las agencias les cobran por conseguirnos a nosotras para trabajar, les cobran cierta cantidad a la patrona, entonces por eso ya la piensan más”.

Al contrario de Licha, Guadalupe sí está dispuesta a formar parte de un sindicato, “Sería un beneficio y haría que se respeten mis derechos”. Asegura estar dispuesta incluso a hacer que la patrona y ella firmen un contrato para dejar claro las pautas bajo las cuales se llevará a cabo la relación laboral.

“Si no pierde uno el miedo, si no se arriesga uno, nunca se va a mover de su lugar, yo sí estaría dispuesta a arriesgarme a hacer que firme el contrato”, considera.

Guadalupe sí cuenta con ahorro para el retiro, pues está inscrita a un sistema de ahorro, pero no por parte de su trabajo como empleada doméstica.

“Cuando estaba muy joven trabajé en una maderería y ahí me dieron el Afore, y es donde me he estado beneficiando”, aclara.

Sentada en una silla de madera en el patio de su casa, con su cabello peinado en una coleta y vestida con una piyama de cuadros, Guadalupe reafirma:

“Tienen que ayudarnos a que todas las que trabajamos en casa, porque si se necesita que tengamos derechos, al igual que los demás, pos pa que prosperemos y salgamos adelante también, porque también deseamos salir adelante y que haiga respeto, porque es un trabajo muy cansado y no reconocido como debe de ser”.

Derechos no respetados 

             En México, al segundo trimestre de 2015 hay contabilizados 2,376, 767 trabajadores domésticos, mientras que en el estado de Chihuahua el registro indica que hay 49,018 empleados domésticos remunerados de los cuales 40,886 son mujeres. A nivel nacional, el 91.2% de los trabajadores domésticos son mujeres. Datos de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).             

Si se pone en perspectiva con la población económicamente activa de más de 52 millones de personas, las trabajadoras del hogar representan el 4.12%    Esta población sigue siendo violentada, además de verse obligada a enfrentar discriminación y abuso sexual.            

El trabajo de empleada doméstica debe ser digno y socialmente útil, expresa Arturo Armendáriz, subdelegado federal, en Ciudad Juárez, de la Secretaria del Trabajo y Previsión Social (STyPS).  El funcionario acepta que aun luce lejana la meta para que estas mujeres logren contar con prestaciones, salario justo y asistencia social.

Armendáriz

Armendáriz

¿Por dónde y cuándo comienza la vulneración de los derechos de estas mujeres?  Marcelino Bautista, líder sindical, considera que esta situación parte de la falta de un contrato y la informalidad de la relación obrero-patrón propicia que la relación laboral se lleve a la deriva, es decir, que al carecer de las pautas que pueda marcar un contrato como las obligaciones del trabajador, sus horas de trabajo, salarios, días de descanso y prestaciones, es relativamente sencillo que la situación laboral de las trabajadoras domésticas fluctúe de arriba abajo.            

A pesar de que la Constitución de México y la Ley Federal del Trabajo especifican las obligaciones y derechos de los trabajadores, como el horario, salario, descanso, respeto, consideraciones durante el embarazo, condiciones ergonómicas aptas para el desempeño de su labor, hasta la fecha no está regularizado en la ley para que estos derechos se cumplan al pie de la letra, no hay sanciones específicas, no existe la coerción en este campo.

Por su parte, Armendáriz considera que los beneficios que las empleadas pudieran llegar a tener, será por mera cuestión o compromiso moral de los patrones.           

 El funcionario agrega que una trabajadora doméstica puede acceder al Infonavit y al IMSS, siempre y cuando la buena fe del patrón sea suficiente como inscribir a la empleada ante el Seguro Social, para recibir asistencia médica; pero no existe la regulación necesaria en la ley para que éstas coticen semanas de trabajo y así poder juntar un capital a la hora de ya no poder trabajar más, o jubilarse.             

El subdelegado de la STyPS asegura que la situación no es solo culpa de los patrones y legisladores sino de las mismas trabajadoras porque existe ignorancia y desinterés de saber y exigir cuáles son sus derechos laborales.

Considera que uno de los principales problemas generadores de la vulneración del derecho laboral es la desinformación y que a través de campañas de información entre los trabajadores informales esta situación podría revertirse para que grupos conozcan sus derechos.  Sin embargo, el titular de la dependencia señala que actualmente en esta ciudad no existe vigente una campaña informativa de esa naturaleza y fines.

Una cuestión de cultura

Licha debe fregar pisos, hacer la comida en ocasiones, dar de comer a las mascotas, lavar los trastes, lavar y planchar la ropa.   Cuenta que durante un día nublado y que amenazaba con llover, pidió a la niña de la casa, (una niña de 20 años) que recogiera la ropa que estaba tendida en caso de que comenzara a llover.

La niña recogió la ropa cómo se lo había encomendado la trabajadora del hogar, sólo que ésta no supo que la ropa debía extenderse y simplemente la arrinconó en su cama.           

Al día siguiente, la patrona enfurecida por encontrar la ropa húmeda y mal oliente, reprendió fuertemente a Licha, “Para eso le pagan”, le recriminó. 

Licha fue despedida ese mismo día, sin que la patrona supiera la realidad del hecho.  Debió abandonar ese hogar sin un solo peso como liquidación correspondiente a dos años de trabajo contínuo en esa casa.

Por ser hechos que se presentan en un lugar privado en donde laboran las trabajadoras del hogar, las autoridades de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos (CEDH) no se enteran, y por lo tanto no pueden actuar en consecuencia, justifica así Adolfo Castro Jiménez, titular de esa comisión obligada a velar por los derechos humanos, en Ciudad Juárez y las regiones de Ahumada, Guadalupe y Praxédis G. Guerrero.

Castro Jiménez

Castro Jiménez

El funcionario asegura que a la fecha no se tiene registro alguno de caso de abusos o discriminación denunciados por empleadas domésticas, esto en las regiones bajo su control.

Humillación, acoso sexual y violencia física, detalla el titular, son los principales problemas a los que se enfrentan las empleadas domésticas, pero reitera que es difícil que detecte estos abusos.

“Cóomo voy a saber yo, pues a su casa no me puedo meter, ellas no vienen, no saben, ellas tienen que saber sus derechos y obligaciones”, expresa.           

 Enfatiza que, culturalmente, las trabajadoras del hogar “se consideran menos”, lo que desemboca en una desorganización y desinterés.  Debieron pasar décadas, dice, para que el primer sindicato de trabajadoras y trabajadores del hogar tomará forma en México.

El primer sindicato en su tipo

El primer registro sindical corresponde al del Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar (Sinactraho), se hizo oficial ante la Junta de Conciliación y Arbitraje en el DF.

Integrantes del sindicato. De Federación Internacional de las Trabajadoras del Hogar

Integrantes del sindicato. De Federación Internacional de las Trabajadoras del Hogar

Fue una socióloga y empleada doméstica de profesión, Marcelina Bautista, quien lideró e impulsó el primer sindicato de sirvientas (o mucamas). Durante 15 años, Bautista, estuvo trabajando al frente del Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar.           

Desde que se formó el sindicato, 35 trabajadoras se registraron y que hoy cuentan con voz en foros internacionales como en el Foro Latinoamericano y del Caribe Sobre el Trabajo Doméstico.  De esto dejan constancia en su página de Facebook, en donde actualmente tienen 504 “me gusta”.

Establecer una relación laboral clara en cuanto a condiciones del espacio para desarrollar las actividades, comidas, sueldo, días de descanso y otras prestaciones, es el primer paso para que el trabajo de trabajadora del hogar sea digno, señala Bautista en una entrevista de Sigma Radio.           

 “Vamos a empezar a trabajar sobre los derechos individuales como colectivos, pero en cada hogar con cada patrona”.   Resalta que actualmente trabaja en la realización de un contrato colectivo, para las trabajadoras y trabajadores del hogar, en el que especifican sus derechos y obligaciones.

Empleada doméstica lavando los trastes. Foto por Jonathan Álvarez

Empleada doméstica lavando los trastes. Foto por Jonathan Álvarez

Desorganización gremial

La consolidación del primer sindicato de trabajadoras y trabajadores del hogar es un primer y gran paso de una nueva etapa en cuanto a los derechos laborales de estas mujeres, afirma Adolfo Castro.  Sin embargo tuvo que pasar mucho tiempo para que este paso se diera, incluso Marcelina Bautista, actual líder sindical, mencionó que la organización entre empleadas domésticas se gestó con lentitud.            

 A nivel local, el subdelegado federal de la STyPS Trabajo asegura que hasta la fecha no existe sindicato alguno, célula de sindicato o grupo activista de empleadas domésticas. “Desafortunadamente yo no tengo conocimiento de que exista algún sindicato; sería muy útil que hubiera un grupo donde se les apoyara cuando menos llegar al mínimo de condiciones que establece la ley”. El delegado afirma que la organización es muy importante para que sus peticiones sean atendidas.

Sacando brillo a cada rincón de la casa

Sacando brillo a cada rincón de la casa

 El titular de la STyPS opinó que la fuerza de un grupo es lo que ayuda a respetar las condiciones mínimas de trabajo. “Nosotros manejamos un registro de sindicatos, si se formara un sindicato, pudieran trabajar en conjunto con nosotros, con pláticas para que conozcan la ley, capacitación, canalización y asesoría”.           

La ley es clara, dice: no más de 8 horas de trabajo, no más de tres tiempos extra a la semana, un día de descanso, derecho a vivienda, prestación de salud y, aguinaldo.  “No se requiere más que apegarse a la ley”.   Pero ¿realmente se está respetando?            

Según el subdelegado agruparse les ayudaría a tener esto, pero aclara que el cumplimento de la ley va más allá de lo que pudieran hacer sólo las instituciones. Tanto Adolfo Castro, como Armendáriz, están de acuerdo con que las trabajadoras no se acercan a pedir apoyo a las instituciones debido a la ignorancia que existe en torno al tema.            

 Por su parte, el sindicato de Marcelina Bautista ya está trabajando en ofrecer información sobre formas de abordar a sus empleadores, así como capacitación. Por lo pronto estas iniciativas y actividades sólo tienen alcance y efecto en el centro del país.

Mientras tanto aquí en la zona, la Comisión Estatal de Derechos Humanos y la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, no ofrecen esos apoyos legales, asesorías, información, capacitación a las trabajadoras de Ciudad Juárez, bajo el argumento de que son las interesadas quienes no se acercan, no se organizan, no se preocupan o tienen miedo por su situación. 

¿Por dónde comenzar? La información y organización

“Las empleadas domésticas deben agruparse para dignificar su trabajo”, menciona Armendáriz. Por lo tanto considera que la denuncia de maltrato, discriminación, acoso y derechos de trabajo no respetados, es clave para que las autoridades actúen.           

Armendáriz dice desconocer la existencia y objetivos del Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar (Sinactraho) y que algo similar a la labor de esa entidad se esté gestando en la zona.  En contraste, Castro manifiesta estar enterado del organismo sindical y considera que este debería ocuparse, en primera instancia de las prestaciones del sector salud a las trabajadoras domésticas, por ser de interés primordial.

Pactar un contrato patrón-trabajador.

Marcelina Bautista, en una entrevista para Radio Sigma, dice que un contrato colectivo de trabajadoras del hogar pondrá límites a los abusos por parte de los contratistas. Ella menciona que hay que establecer una relación laboral clara, para que no haya malos entendidos en el futuro.

Asegura que las empleadas domésticas tienen derecho a que se les informe cuál día será su descanso, su sueldo, dónde dormirá (en caso de ser un trabajo de planta), en qué condiciones está su habitación, si se le dará aguinaldo, si tendrá seguro social, sus horarios, entre otras especificaciones que servirán de guía en la relación laboral.

Bautista y los funcionarios coinciden en que la capacitación y las asesorías en cuanto a derechos humanos y laborales también son parte fundamental del proceso de empoderamiento de las empleadas domésticas.

Desde la ciudad de México, la lideresa y sus colaboradoras dentro del sindicato ofrecen capacitación a las empleadas domésticas, maneras de abordar a sus patrones, asesoramiento legal e información en cuanto a derechos humanos.

Armendáriz, por su parte, asegura estar dispuesto también a brindar asesorías o canalizarlas a otra institución, dependiendo de sus necesidades, aquí, en Ciudad Juárez.

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