Lowriders siguen plasmando huella

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EL PASO, TEXAS – Nos llaman la atención de vez en cuando. Son carros de los años 50 a los 80, con llantas pequeñas, colores llamativos como amarillo y morado. Los Lowrider siguen una tradición que refleja la herencia Chicana en la frontera hoy en día.

“Es algo bueno para la comunidad en los jóvenes que en vez de andar haciendo cosas malas es mejor trabajar en un carro”, dijo Eduardo Becker, un aficionado a los Lowrider que trabaja en atención a clientes.

Fue este mensaje uno de los principales objetivos que llevó a los miembros de clubs Lowrider a reunirse en las instalaciones administrativas de El Paso Community College en marzo para dar conocer su importancia en la comunidad. El evento tuvo como enfoque dar a conocer los orígenes y la historia de los Lowriders desde San Diego, California hasta El Paso por medio de un documental, “Everything Comes from the Streets”, de una hora llamado. www.everythingcomesfromthestreets.com

Dentro de un ambiente familiar el público pudo apreciar cada uno de los autos coloridos y aun mas conocer a fondo las raíces de los dueños, compartiendo sus autenticas experiencias.

Para muchos de los miembros de los clubs de carros como Latin Pride Club les brindan como parte de la entrega y la creatividad que los dueños ponen en cada uno de los carros hasta lograr transformarlos con un estilo diferente hasta llegar a que se convierta en un Lowrider. Las marcas mas comunes son Chevrolet y Ford de los años 50.

Los carros Lowrider se identifican por ser vehículos grandes y alargados entre los 50’s y 80’s los cuales son modificados para circular lo más bajo posible, con rines diferentes, suspensiones ajustadas hasta logran que puedan llegar a brincar y pintados con una gama de colores.

Esta es una de las tradiciones más significativas en la comunidad chicana quienes han descubierto el gusto y la pasión por la restauración de carros.

“Mi papa siempre nos enseno a trabajar en los carros y así es como me introdujo y me enseno de los carros viejitos y me enamore desde niño”, dijo Eduardo Becket que es dueño de dos lowrider.

Para Becket, quien ha seguido con esta tradición familiar, ha sido muy importante ya que encontró el entusiasmo por la decoración de carros y así mismo puso mucho empeñó en su primer carro, un Chevrolet Sedan de 1950. Le cambio de pintura, le puso carrocería diferente, tapicería nueva, y modificó las ventanas del coche. Se gastó miles de dólares en las modificaciones.

“Una de sus recompensas es el sentir mucho orgullo tener mi carro en una exhibición y que me pidan una foto”, dijo Becket.

El ser un Lowrider también requiere de mucha creatividad ya que son vehículos que han sido modificados por sus propios dueños. Por ejemplo, el claxon de uno los sonaba como una sirena; otro tenia puertas que abren al revés; otro mostraba pintura morada con diamantina.

Héctor González, presidente de el Latin Pride Car Club y dueño de un Lowrider, dijo que muchas veces los jóvenes convierten en Lowrider los carros “viejitos” de sus padres. “Hoy en día los jóvenes tienen más dinero y ponen a los autos más extravagantes”, dijo González.

Un aficionado de lowrider explicó que en su caso “su herencia” fue heredero del carro de su padre que convirtió en Lowrider. “Vale más que el apartamento donde vivo actualmente,” dijo.

Para Sizco Martínez, que vestía de saco y pantalones azul rey, camisa blanca y sombrero de ala ancha, es muy importante dar apoyo en cada exhibición de autos Lowrider y lo hace asistiendo con su forma de vestir que lo identifica como Pachuco que siempre va representando los orígenes como chicanos.

“Yo soy Mexico-Americano y siempre estoy representado mi cultura”, dijo Martinez.

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