El condado de Webb, Texas y Nuevo Laredo, Tamaulipas: Una zona comercial estratégica, Los Zetas Inc. (Incorporados) y la delincuencia organizada paramilitarizada

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El episodio de hoy se refiere a la parte de nuestro viaje que abarca el Condado de Webb, el cual es único en Texas debido a que tiene frontera con tres estados mexicanos: Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila. Esta parte del trayecto es sumamente interesante pues me hace reflexionar sobre algunos temas de gran importancia que involucran a dos naciones extremadamente desiguales pero muy vinculadas, sobretodo, en la parte comercial. En particular, el presente relato se centrará en tres temas fundamentales: i) los intercambios comerciales (legales e ilegales) entre dos naciones profundamente desiguales a través de una zona estratégica en la frontera; ii) la nueva configuración del crimen organizado transnacional que tiene su origen en México—y sobre todo en esta región fronteriza—con la aparición de los Zetas, un grupo de la delincuencia organizada paramilitarizado; y iii) el análisis de este nuevo modelo criminal utilizando un modelo de negocios parecido al de cualquier empresa transnacional. Esta parte podría ser quizás una de las partes más importantes de nuestro recorrido. Como dije la vez anterior, en mi opinión, la denominada “guerra contra las drogas” en México empezó aquí, al otro lado del condado de Webb, Texas, específicamente en la ciudad fronteriza tamaulipeca de Nuevo Laredo, la cual es extremadamente importante por su localización y actividad comercial. He aquí mis impresiones de esta parte del viaje y sobretodo de los temas que acabo de mencionar.

La frontera terrestre más importante entre Estados Unidos y México

Entramos entonces a Webb, que es el condado más grande del Sur de Texas, uno de los más grandes en el estado, y está formado por tres ciudades: El Cenizo, Rio Bravo y Laredo. No hay mucho entre la ciudad de Zapata y Laredo—cabeceras de los condados de Zapata y Webb, respectivamente—más que pequeñas colinas, granjas de melón, algunas rancherías, matorrales espinosos y pozos de gas natural. En nuestro recorrido pasamos por dos ciudades localizadas a orillas del río: El Cenizo y Rio Bravo, las cuales se encuentran entre las más pobres de la región y son habitadas, en su mayoría, por personas de origen hispano. Finalmente, llegamos a la legendaria ciudad de Laredo, considerada en el imaginario americano como un lugar de vaqueros característico del “salvaje oeste” (wild west).

Calles de el centro de Laredo, Texas. (Sergio Chapa/Borderzine.com)

Calles de el centro de Laredo, Texas. (Sergio Chapa/Borderzine.com)

Laredo es una ciudad que tiene una importante actividad económica, y no es precisamente una ciudad fronteriza atractiva en su aspecto físico; solamente el centro histórico me pareció interesante en cuanto a la arquitectura de sus edificios y construcciones en general. Esta región que conecta con Nuevo Laredo, Tamaulipas—a la cual se le ha denominado “la capital Aduanera de América Latina”—se puede considerar como la frontera terrestre más importante entre México y los Estados Unidos. Dicha zona fronteriza destaca por su ubicación geográfica privilegiada, su infraestructura, sus puentes de comercio internacional y por el enorme movimiento de mercancías en ambos sentidos. Cada año pasan por aquí billones de dólares en mercancías transportadas a través de tráileres, ferrocarril y diversos vehículos de carga pesada, y es considerado como el puerto más importante de comercio internacional por tierra de América.

Laredo, Texas tiene cuatro puentes internacionales vehiculares y un puente ferroviario internacional. Tres de los puentes vehiculares unen a Laredo con Nuevo Laredo, Tamaulipas y uno une a Laredo con Colombia, Nuevo León (el Puente Internacional Colombia-Solidaridad). Considerando la enorme afluencia vehicular y el creciente intercambio comercial entre México y Estados Unidos, se ha propuesto ya la construcción de tres puentes internacionales adicionales: Puente Internacional V de Laredo, Puente Ferroviario Internacional II de Laredo y Puente Ferroviario Internacional III de Laredo-Colombia. Esto nos da una idea de la gran importancia económica/comercial que tiene esta región en la era actual y viendo hacia el futuro.

El puente ferroviario international entre Nuevo Laredo, Tamaulipas y Laredo, Texas. (Sergio Chapa/Borderzine.com)

El puente ferroviario international entre Nuevo Laredo, Tamaulipas y Laredo, Texas. (Sergio Chapa/Borderzine.com)

Sergio y yo tuvimos oportunidad de visitar cada uno de los puentes vehiculares existentes y pudimos ver—desde abajo y a orillas del río—el puente ferroviario, donde parecía que los trenes eran interminables; vimos pasar decenas y decenas de vagones que, de solo de mirarlos, causaban una sensación de vértigo. Desde este ángulo se podía ver la ciudad de Nuevo Laredo y pudimos apreciar el agua del Río Bravo que parecía bastante contaminada; lo anterior se puede deber quizás a la gran actividad económica e industrial que se da en esta parte de la frontera.

Visitamos el Puente Internacional Portal a las Américas (Puente I) que se utiliza básicamente para el tráfico no comercial y el cruce de peatones. También vimos el Puente Internacional Juárez-Lincoln (o Puente II) que cuenta con seis carriles para el tráfico comercial y no comercial, y está localizado al final de la carretera interestatal 35 (I-35) que se extiende hacia la ciudad de Duluth, Minnesota y que cruza la Unión Americana pasando por puntos clave que conectan a una parte importante de la nación norteamericana. El Puente II está situado también en los términos norteños del bulevar Luis Donaldo Colosio en Nuevo Laredo.

Peatones y autos se dirigen desde Laredo, Texas a Nuevo Laredo, Tamaulipas. (Sergio Chapa/Borderzine.com)

Peatones y autos se dirigen desde Laredo, Texas a Nuevo Laredo, Tamaulipas. (Sergio Chapa/Borderzine.com)

En nuestro recorrido por la ciudad de Laredo pasamos al lado de las vías del tren y vimos el Laredo Community College, localizado muy cerca de las orillas del Río Bravo, donde se puede también apreciar el denominado muro fronterizo. Esta parte de la frontera México-Estados Unidos nos llamó la atención principalmente por el número tan grande de tráileres que salían de y entraban a la ciudad. Es una zona mayormente dedicada al comercio vía terrestre, donde se transportan diariamente millones de dólares en mercancías a una gran velocidad. No obstante la rapidez en el transporte de estas mercancías a través de los cruces fronterizos, en el resto de la ciudad de Laredo el tráfico no es tan fluido. Cuando transitas por el resto de la ciudad da la impresión de que los semáforos no están sincronizados. Cuando manejábamos por el centro, por ejemplo, nos tocaba la luz roja una y otra vez y pensamos en denominarle a Laredo “la ciudad frenada” o la “ciudad de los ‘altos’ eternos”. “Alto” es la palabra que se usa en México para referirse a la luz roja del semáforo.

En este tramo del viaje visitamos también el Puente Comercio Internacional (World Trade Bridge) que fue construido en particular para tráileres o camiones de carga pesada. Fue impresionante ver la cantidad de estos vehículos que cruzaban la frontera en las dos direcciones. Mientras observaba todo este movimiento me hacía varias preguntas: ¿Qué tipo de mercancías pasarían por ahí diariamente? ¿Sería legal la venta y consumo de todas ellas? ¿Cómo se controla, por esa frontera tan transitada, el transporte ilegal de algunos bienes? ¿Qué tanta coordinación existe entre los administradores de las aduanas en ambos lados de la frontera? La verdad, entre tantos vehículos de carga pesada, sentía confusión y sentía que la vida pasaba muy deprisa.

Finalmente, llegamos al Puente Internacional Colombia-Solidaridad y tomamos una carretera libre que nos llevó del Puente Comercio Internacional a este otro cruce fronterizo que conecta con la I-35 a través de un tramo carretero de cuota. Este puente fue construido para conectar a Texas con el poblado de Colombia, Nuevo León. Pudimos apreciar en esta zona un conjunto de bodegas grandes y algunos desarrollos habitacionales nuevos.

Al “otro lado” de la ciudad texana de Laredo

Cuatro cruces internacionales (incluyendo el cruce ferroviario) conectan a la ciudad texana de Laredo con Nuevo Laredo, Tamaulipas, siendo este último un lugar que yo considero el epicentro de la denominada guerra contra las drogas en México. Y la razón por la cual considero a este lugar de ese modo es porque aquí, como ya he mencionado anteriormente, surgieron los Zetas, un grupo criminal de corte paramilitar—y “no necesariamente” vinculado al Estado—que transformó el panorama del narcotráfico y de la delincuencia organizada en México (y quizás en el resto de las Américas), y que tuvo un efecto contundente en la estrategia de seguridad que ha sido implementada en el país desde 2006.

La ciudad de Nuevo Laredo es una zona de grandes contrastes, donde el desarrollo industrial y el dinamismo comercial conviven con la violencia y los devastadores efectos de la misma en la sociedad. Al igual que Laredo, el municipio de Nuevo Laredo es estratégico geográficamente, ya que es la frontera más cercana a la Ciudad de México y se ubica en el cruce de la Carretera Nacional 85 (México-Laredo) que se une con la I-35 de Estados Unidos, conectando así a los principales centros económicos de ambos países. Se estima además que cerca del cuarenta por ciento del total de la actividad de comercio internacional de México hacia el exterior, cruza por esta frontera.

Recuerdos y artesanías acumulan polo en una tienda sin turistas en el centro de Nuevo Laredo, Tamauilpas. (Sergio Chapa/Borderzine.com)

Recuerdos y artesanías acumulan polo en una tienda sin turistas en el centro de Nuevo Laredo, Tamauilpas. (Sergio Chapa/Borderzine.com)

No obstante la gran importancia económica de esta región, los efectos de la guerra contra las drogas y el surgimiento de nuevos grupos de delincuencia organizada paramilitarizados han sido devastadores para la ciudad y sus ciudadanos. Nuevo Laredo fue una vez una ciudad que atraía a muchos turistas, especialmente por la vida nocturna, propia de las ciudades fronterizas mexicanas donde el alcohol y la prostitución están menos regulados que en el vecino país del norte (por decirlo de alguna manera). La ciudad además estaba llena de bares nocturnos, restaurantes y pequeños negocios de todo tipo que atendían las necesidades de los turistas americanos. Hoy muchos de estos establecimientos se encuentran cerrados y las tiendas para turistas se encuentran casi vacías. Caminando por esta ciudad pudimos apreciar claramente el abandono de muchos de estos negocios. Por su parte, se nos comentó que la vida nocturna de antaño en el denominado Boys’ Town o “zona de tolerancia” está prácticamente muerta.

No obstante que Nuevo Laredo continúa siendo un paso importantísimo de mercancía hacia México y hacia los Estados Unidos, además de que es una región donde continúa desarrollándose la industria maquiladora y operando con efectividad las grandes empresas nacionales y transnacionales, se puede apreciar claramente un deterioro general de los espacios públicos, una gran afectación a los negocios pequeños y medianos y una tremenda inseguridad. En los últimos años, la violencia desmedida y la delincuencia organizada han caracterizado la vida en la ciudad y han determinado las leyes de convivencia entre los habitantes, quienes han tenido que cambiar sus hábitos de vida para acostumbrarse a una situación de terror constante.

Nuevo Laredo y sus “historias de polvo y sangre”

Tamaulipas es un estado—escenario de “historias de polvo y sangre”—tomando la frase del profesor-investigador del CIESAS Carlos Flores-Pérez en su más reciente proyecto de investigación. Esta frase se comprende perfectamente cuando se analiza la historia de la ciudad de Nuevo Laredo. Por su ubicación estratégica, esta zona fronteriza no solo se ha constituido como un paso importantísimo de mercancías lícitas hacia México y hacia los Estados Unidos; el comercio de lo ilícito—y principalmente de las drogas—también se hace patente aquí en dimensiones espectaculares.

Las historias de tráfico de estupefacientes y la violencia no son nuevas en esta ciudad fronteriza. Desde la década de los setenta se registran aquí pugnas violentas entre policías locales y civiles por el control de la venta de drogas. Aquí confluyen además actores clave en el tema del narcotráfico. Por ejemplo, Guillermo González-Calderoni inició su carrera como comandante de la Policía Judicial Federal en 1980 en esta ciudad. Aquí también se hace famoso Édgar Valdez Villarreal (alias “La Barbie”), quien operaba para el Cártel de los Beltrán Leyva, agrupación que llegó a pelearse el control de “la plaza” (como se dice coloquialmente). Cabe destacan que desde hace varias décadas, diversos grupos de narcotraficantes y delincuencia organizada se han enfrentado con el objeto de tomar el control de la aduana en esta importante ciudad fronteriza.

Desde 1984 la gente del Cártel de Sinaloa usaba sin contratiempos la vía de Tamaulipas para el contrabando de drogas por su ubicación estratégica. Sinaloa ha querido siempre dominar esta plaza, pues el negocio aquí es demasiado grande. Y no solo Sinaloa ha querido tomar el control de la aduana de Nuevo Laredo; esta plaza es considerada como un tesoro para narcotraficantes y ha sido peleada por varias organizaciones como el Cártel del Golfo-Zetas, el Cártel de los Beltrán Leyva y el Cártel de Juárez, entre otros. Estos grupos se han enfrentado en múltiples ocasiones con el objeto de tomar la plaza y controlar el paso de las sustancias prohibidas, lo cual derivará en jugosas ganancias para quien lo logre. Y es el Cartel del Golfo o CDG a finales del siglo veinte quien logra hacer esto después de varias disputas por este cruce estratégico.

Fueron varias las organizaciones quienes le intentaron disputar al CDG el control de la plaza de Nuevo Laredo, por lo que su líder en ese momento, Osiel Cárdenas Guillén, decidió contratar a los denominados Zetas como su brazo armado. Los Zetas surgen a finales de los noventa. No se sabe la fecha con exactitud, pero esta agrupación hace su primera aparición pública después de que fuera asesinado Arturo Guzmán Decena (el Z-1) en noviembre de 2002 en un restaurante en la ciudad de Matamoros. Meses después de este suceso, miembros de la organización colocan en el mismo lugar una corona fúnebre y cuatro arreglos florales con la leyenda: “Te llevaremos siempre en el corazón: de tu familia de Los Zetas”. Y así conocemos el nombre del que fuera el brazo armado del CDG.

En enero de 2002 llega el primer comando de Zetas a Nuevo Laredo a defender la plaza y entonces empieza lo que unos han llamado “la otra guerra del narco”. Y esta guerra empieza aquí, en esta ciudad fronteriza, a la cual yo le llamo “cuna de los Zetas” pues es el lugar donde estos crecen y se hacen fuertes. Los Zetas cambian el panorama del narcotráfico y la delincuencia organizada en México, y al mismo tiempo tienen un impacto fundamental en la estrategia de seguridad del gobierno mexicano quien decide modificar sus políticas de combate al crimen organizado respondiendo, quizás en parte, a la aparición de este nuevo modelo criminal que se expande a diversas regiones del país.

A continuación, incluyo una muy breve historia de los Zetas para quienes quieran leer un poco más de ellos.

Los Zetas y la paramilitarización de la delincuencia organizada

El grupo de los Zetas se formó a partir de militares desertores que pertenecieron a grupos de élite del ejército mexicano, y fueron entrenados en el manejo de armamento altamente especializado y labores de contrainsurgencia. La introducción de este grupo como brazo armado del CDG cambia el panorama del narcotráfico en México, así como la forma en que funcionan los grupos del crimen organizado en todo el país pues eleva los estándares en lo que se refiere a las prácticas de control territorial de las distintas organizaciones criminales y promueve el uso de la violencia a niveles nunca antes vistos.

Un efecto de la paramilitarización introducida por los Zetas implica la profesionalización de las prácticas para eliminar al adversario por parte de otros grupos que operan al servicio de las distintas organizaciones dedicadas al tráfico de drogas. Los Artistas Asesinos, Barrio Azteca, Gente Nueva, la Línea, MS-13, los Negros, los Pelones, los “nuevos” Kaibiles (ex-fuerzas especiales guatemaltecas), son solo algunos de los muchos grupos que han seguido la tendencia marcada por los Zetas.

De la misma forma, las fuerzas del Estado encargadas de mantener el orden y la seguridad pública fueron empujadas hacia el uso de nuevas técnicas y prácticas violentas. Lo anterior, dada la profesionalización del (antes) brazo armado del CDG, que de acuerdo con un militar retirado en Tamaulipas “demanda ahora más habilidades y cambia las reglas del juego en un panorama de menor respeto a la vida y la erosión de las reglas de antaño para mantener el orden y la estabilidad, dentro y fuera de la organización”. Estas nuevas reglas se refieren al uso de metodologías de ejecución mucho más espectaculares y sofisticadas; la utilización de redes sociales para hacer proselitismo e informar sobre los hechos violentos de acuerdo a agendas particulares; el uso de tácticas de ataque no convencionales, tales como la utilización de coches bomba y granadas de fragmentación, secuestros masivos y bloqueos de la vía pública (“narco-bloqueos”); ejecuciones de policías y otros elementos encargados de la seguridad pública, etc.

Eventualmente, los Zetas dejan de ser el brazo armado del CDG y comienzan a operar de manera independiente al “crecer y hacerse fuertes” en Nuevo Laredo. Finalmente, a principios de 2010, se da un rompimiento entre las dos organizaciones que desemboca en una violenta batalla, la cual afecta de forma contundente a la sociedad, la economía y la situación en general del estado de Tamaulipas.

La organización de los Zetas ha crecido de manera espectacular en los últimos años. Su área de influencia se origina en Tamaulipas, pero extienden su actividad hacia muchos otros estados del país. Los Zetas ahora tienen influencia en Nuevo León, Coahuila, Zacatecas, San Luis Potosí, Durango, Tabasco, Campeche Nayarit, Puebla, Veracruz, Sonora, Sinaloa, Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro, Veracruz, Oaxaca y Tlaxcala. Además, controlan regiones importantes de Centroamérica y algunas del Caribe. “Hoy la organización delictiva suma varios millares de activos esparcidos en toda América Latina y otras partes del mundo” (Felipe Moreno 2012: párr. 20). Por su influencia, nexos, y ramificaciones en diversas partes del mundo, los especialistas sobre el tema de narcotráfico se refieren a los Zetas y a los principales cárteles de la droga en el país y el exterior, como “organizaciones criminales transnacionales” (TCOs, por sus siglas en inglés).

Y el principal centro de operaciones de los Zetas es Nuevo Laredo, la ciudad hermana de Laredo, Texas. Nuevo Laredo es una ciudad demasiado complicada, donde reinan el terror y la violencia. Y a través de estas “armas” y de una estrategia de corte paramilitar, los Zetas han controlado la plaza más importante para el tráfico de estupefacientes en México.

La siguiente es mi historia personal en esta ciudad de los Zetas.

Una visita a Nuevo Laredo a finales de 2011

Mi primera visita a Nuevo Laredo fue en noviembre de 2011. La última fue con Sergio Chapa en Mayo de 2013. Muchas cosas han pasado en Nuevo Laredo en los últimos años, y principalmente a partir de la llegada de los Zetas a la ciudad. Asesinatos, persecuciones constantes y enfrentamientos entre bandas del crimen organizado; balaceras; fuga de reos de los penales; muerte y tortura de usuarios (o “supuestos usuarios”) de redes sociales que reportaban sobre situaciones de riesgo y violencia—por ejemplo, el caso de la bloguera conocida como la “Nena de Laredo o NenaDLaredo”; el asesinato del general Manuel Farfán Carriola, jefe de la policía de Nuevo Laredo en febrero de 2011; decenas de decapitados y personas mutiladas con narco-mensajes, entre muchos otros eventos desafortunados, han marcado la nueva historia de la llamada “capital Aduanera de América Latina”.

Y para comprender esa historia decidí conocer la ciudad y recorrer sus calles en compañía de una amiga que había nacido en la frontera y que le interesaba lo que pasaba en el país donde había nacido parte de su familia. Sabíamos que la ciudad era peligrosa y que preguntar mucho o tomar fotografías estaba prohibido, pero no sabíamos el grado de control que ejercía la delincuencia organizada ahí … nunca nos lo hubiéramos imaginado. Cruzamos el Puente Internacional Portal a las Américas (o Puente I) y decidimos emprender un largo recorrido por la ciudad caminando, pues nos recomendaron no tomar taxi. Y nos fuimos por la Avenida Vicente Guerrero que eventualmente nos llevaría a la Presidencia Municipal y a la Glorieta de Colón, lugares donde aparecían frecuentemente cuerpos sin vida con mensajes, entre ellos el de María Elizabeth Macías, alias la “NenaDLaredo”, quien era jefa de información del periódico Primera Hora y también colaboraba en el sitio de noticias Nuevo Laredo en Vivo. María Elizabeth enviaba constantemente tuits denunciando al crimen organizado. Su cuerpo fue encontrado decapitado y mutilado en la madrugada del 24 de septiembre de 2011 en la glorieta de Colón.

Decidimos terminar nuestro recorrido en la Plaza de Toros—donde decían que también “dejaban los cuerpos”—pero no pudimos terminar nuestro recorrido. La sensación de inseguridad no nos permitió avanzar, además de que ya llevábamos compañía. Nos “hicieron cola”, como se dice en lenguaje coloquial cuando te siguen miembros de la delincuencia organizada para verificar lo qué estás haciendo en un lugar cuando se sabe que “no eres de ahí”. Y nosotras no éramos de ahí, y quizás eso se notó, pero “no nos hicieron nada”. Sentimos que nos siguieron hasta cruzar el puente para llegar del lado americano, pero quizás fue sólo paranoia de nuestra parte. Lo que no creo que fue paranoia es el sistema de vigilancia y control que observamos tenía la delincuencia organizada en esa ciudad fronteriza que se dice estar controlada por los Zetas.

Conozco bien algunas ciudades fronterizas Tamaulipecas y he visto—como todos los que viven o los que pasamos por ahí—a los “halcones” que operan en distintas modalidades para asegurarse de que a la plaza no entren grupos contrarios. Los halcones son personas comunes y corrientes que viven o trabajan en la ciudad y que simplemente comunican—a través de radio o celular—sobre lo que sucede en sus zonas de operación, incluyendo la entrada de extraños o los movimientos de los miembros de las fuerzas federales en caso de que hayan sido enviados a algunas zonas de conflicto. Y sobre las fuerzas federales me gustaría hacer un único comentario: Pareciera ser que operan, en ciertas zonas del país, dos fuerzas—y a veces tres o más, como en Michoacán—que comparten con el Estado el uso “legítimo” de la violencia. El Estado mexicano, en algunos casos, parece haber perdido ese monopolio (que debiera tener). Esta situación me pareció clara en el caso de Nuevo Laredo—y en muchas de las ciudades tamaulipecas que he visitado también.

Lo que me llamó la atención en Nuevo Laredo—y me pareció diferente—fue ver un sistema de “halconaje” que, de tan bien organizado, parecía hasta militarizado. Quizás fue mi miedo y paranoia, o quizás me imaginé cosas, pero recuerdo que vi personas colocadas a lo largo de la Avenida Vicente Guerrero, separadas unas de otras de manera equidistante, unas con distintivos rojos, otras con tarjetones extraños, y la mayor parte de ellas con radios o celulares en la mano. Vi algunas personas localizadas estratégicamente en las diversas esquinas a lo largo de la avenida y vi algunas bicicletas que se frenaba y se comunicaban con estas personas cada cierto tiempo (aunque la verdad, podrían haber estado haciendo otra cosa, como comprando chicles o billetes de lotería; la verdad no lo sé … no estoy segura). Todo me pareció extraño y me pareció que estas personas actuaban siguiendo un modelo muy bien organizado, de tipo militar.

Es probable que en efecto haya sido mi nerviosismo y mi paranoia ese día, pero estar en una ciudad como esa—que se dice la controlan (o controlaban) los Zetas—me pareció ser “otra cosa”. Sentí miedo, me sentí muy incómoda, y sentí lo mismo en otras ciudades que se dice también son controladas (o fueron controladas) por los denominados Zetas. Sentí lo mismo en Ciudad Victoria, Tamaulipas, en Piedras Negras y en Ciudad Acuña, Coahuila. Hablaré de nuestra experiencia en estas dos últimas ciudades en episodios subsecuentes de mi viaje con Sergio Chapa.

Una visión empresarial del crimen organizado: Los Zetas Incorporados

Después de esta experiencia y de leer, como muchos mexicanos, esas historias de terror que aparecían en los medios formales y en las redes sociales—acompañadas de videos, fotografías y narco-mantas espectaculares que nos mostraban a los muertos, decapitados y mutilados con mensajes para un grupo en específico o para las fuerzas federales—comencé a buscar nuevas maneras de entender a la “nueva delincuencia organizada”. Me di cuenta que los Zetas habían creado su marca y operaban en realidad como una empresa transnacional que no solo se dedicaba al tráfico de drogas y que había descubierto nuevos nichos de mercado (como la extorsión, el secuestro, el cobro de derecho de piso, la venta de combustible, el tráfico de migrantes, la piratería, entre otras actividades), es decir, había diversificado sus actividades y sofisticado sus tácticas y formas de operación. Y este modelo se extendió hacia otros grupos, como la Familia Michoacana (hoy, los Caballeros Templarios).

Debido al surgimiento de los Zetas, el crimen organizado podría también considerarse, o mejor dicho analizarse, como si fuera una empresa—una empresa transnacional de grandes dimensiones formada por varias divisiones o áreas encargadas de llevar a cabo una labor específica (ventas, finanzas, marketing, etc.). Es muy frecuente que analistas, políticos y periodistas atribuyan la problemática que se vive en México actualmente al narcotráfico exclusivamente. En los discursos de la mayoría, el crimen organizado se equipara con el narcotráfico. Esta manera de ver a la delincuencia organizada en la era actual en México parece poco útil para entender la problemática del país y ofrecer soluciones adecuadas.

Ciertamente, la problemática mexicana está directamente relacionada con grupos—o “empresas”—que se dedican al tráfico de drogas. En realidad, la estrategia del gobierno federal en la administración pasada se enfocó a combatir a aquellos que traficaban supuestamente con estupefacientes. Sin embargo, no debería perderse de vista el hecho de que el narcotráfico no es la única área que conforma a esa nueva manera de hacer negocios de forma ilegal, o mejor dicho, de dedicarse al crimen organizado. La nueva empresa del crimen organizado mexicano es de carácter transnacional e involucra divisiones/áreas clave, tales como: el tráfico de drogas (áreas de compras y ventas); el lavado de dinero (que pertenecería al área de finanzas); el tráfico de personas; el sicariato (que operaría como una especie de área de marketing en su tarea de generar terror y enviar mensajes a distintos actores para negociar con ellos o amenazarlos); y una división de reciente creación, que es aquella dedicada a la extorsión, secuestro, cobro de derecho de piso, etc. (la cual constituye una diversificación de las actividades tradicionales de los denominados cárteles de la droga), entre otras.

La idea de analizar a la nueva delincuencia organizada como una empresa transnacional y de utilizar herramientas analíticas o literatura de administración de empresas surgió en una visita que hice a la ciudad de Monterrey, Nuevo León en junio de 2011, cuando hablé con el empresario regiomontano Eloy Garza quien, como la mayoría de las personas comunes y corrientes que han sufrido los estragos de esta guerra, comprenden mucho mejor la situación que muchos analistas de seguridad, políticos, representantes de medios nacionales y corresponsales extranjeros que tratan el problema simplemente como una guerra o enfrentamiento entre narcos, entre sicarios de poca monta que mucha veces no tienen ni entrenamiento en el uso de las armas que les fueron entregadas para matarse entre ellos. Eloy me dijo en la ocasión que platicamos que el sicariato—ese del que hablan todos y es replicado por los grandes medios de comunicación nacionales y los corresponsales extranjeros que comunican al mundo lo que pasa en México—es solo una forma de “outsourcing” de la delincuencia organizada para llevar a cabo su estrategia de marketing. Y en esa estrategia se maneja el terror como elemento esencial. Y quien mejor que los sicarios para alimentar esa estrategia.

Me pregunto por qué muchos expertos no parecen comprender la situación, mientras que Eloy Garza y otros ciudadanos con los que he conversado entienden todo esto perfectamente, con una gran claridad, y no se asombran o se alegran con la caída de capos como Heriberto Lazcano (“muerto”) o Miguel Ángel Treviño Morales (alias el Z-40, arrestado en la ciudad de Nuevo Laredo en julio de 2013).

Creo que muchos analistas, políticos y gente de los medios de comunicación podrían andar un poco confundidos. Pero ya se van aclarando ciertas dudas y algunos analistas empiezan a ver la situación con un poco más de claridad. Steven Dudley y Viridiana Rios, por ejemplo, escriben un pequeño artículo donde empiezan a ver que los Zetas “siguen una estrategia de negocios” y crean una “marca”. Qué bueno que lo empiecen a ver así … me da tranquilidad. ¡Por fin “se les prendió el foco”! Pero no se les ha prendido lo suficiente, porque les falta por incluir en sus análisis el papel de otros actores fundamentales, como el del Estado Mexicano y el de “otros” Estados. Pienso también en otros análisis un poco más informativos, pero bastante incompletos que aparecieron recientemente en la revista mexicana Nexos (del mes de septiembre de 2013). Me pregunto por qué estos especialistas no incluyen un análisis del papel que juega el Estado en el conflicto—y, en ocasiones, como promotor del mismo. Quizás no lo vean o no lo quieran ver, pero de que juega un rol clave en el conflicto, eso me parece evidente.

Lo interesante de todo esto sería que se genere un consenso de que los Zetas no son sicarios únicamente que se dedican a traficar droga, sino que se comprenda el hecho de que los Zetas son una empresa transnacional muy compleja que opera de manera más bien horizontal (por células) dado su carácter paramilitar. Es importante que se comprenda que los Zetas son una empresa de criminales “Incorporada”. Y así se titula el libro que he estado escribiendo durante los últimos tres años: Los Zetas Inc. (Incorporados).

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