Del Río, Ciudad Acuña, la Presa Amistad y el Cañón Seminole

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Más sobre energía, creencias, redes sociales, y paisajes en la frontera

Los temas que quiero abordar hoy, y en los que me baso para relatar esta parte del viaje, son muy variados y no están necesariamente muy vinculados entre sí. Esta parte del trayecto en particular, nos permitió ver muchos contrastes que me hicieron reflexionar en distintas direcciones. Hoy quiero hablar un poco más sobre el sector de los energéticos en la frontera y el futuro de la industria de los hidrocarburos en México. Además, hablaré sobre las dimensiones culturales de los movimientos sociales—incluyendo las creencias religiosas y las redes sociales. Finalmente, mencionaré nuestro paso por (e impresiones de) dos sitios muy interesantes cuya visita disfrutamos muchísimo: La Presa Amistad y el sitio histórico y parque estatal del Cañón Seminole.

Amistad Dam also serves as an international border crossing. (Sergio Chapa/Borderzine.com)

La Presa Amistad Dam también funciona como cruce internacional. (Sergio Chapa/Borderzine.com)

De Eagle Pass a Del Rio: Más reflexiones sobre hidrocarburos en la frontera Texas-México

Salimos de la ciudad de Eagle Pass, Texas y tomamos la carretera 277 Norte rumbo a Del Rio que queda aproximadamente a una hora. Pasamos por los poblados de Elm Creek y Quemado, y en el camino pudimos observar ranchos y algunas plantaciones donde se cultiva la nuez pecana, pacana o nuez de pecán (pecan en inglés). El paisaje iba cambiando, las montañas eran más rocosas y presentaban menos vegetación. Durante este recorrido de cerca de una hora me acordaba aún de la formación de Eagle Ford Shale, de la Cuenca de Burgos y seguía pensando en la supuesta “revolución” del gas de esquisto. Pensaba en los grandes riesgos ambientales que plantea la utilización de la técnica del fracking (o fracturación hidráulica). Dichos riesgos han sido expuestos por varias ONGs y activistas, algunos de los cuales hablan de la “verdad incómoda” (inconvenient truth) de esta técnica de extracción de hidrocarburos—término que nos recuerda al título del documental sobre el “calentamiento global” protagonizado por el ex-vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, hace algunos años.

Reflexionaba, en particular, sobre los planes del gobierno mexicano para extender de manera muy considerable la exploración y explotación del gas de esquito, sobretodo en la región de la Cuenca de Burgos. En fechas recientes se han realizado descubrimientos importantísimos de este recurso natural, sobre todo en esta zona. Como informara el periodista Noé Cruz Serrano, en octubre de 2011, el entonces secretario de Energía, Jordy Herrera, confirmó el descubrimiento de grandes yacimientos de gas natural en la frontera con Estados Unidos, lo cual, según dijo en esa ocasión, le podrían “cambiar la carátula energética a México.” Herrera aseguró que la explotación de los yacimientos de gas shale permitiría al país crecer en un punto porcentual del PIB al año. Asimismo, información de Pemex Exploración y Producción (PEP) reveló “que las reservas de gas podrían elevarse entre 4 y 5 veces a las que se tienen certificadas en Burgos, … es decir, pasar de 4 billones de pies cúbicos a 20 billones” (Cruz Serrano, 2011: párr. 4). Lo anterior muestra el potencial que tiene la zona que va de Matamoros, Tamaulipas a Piedras Negras, Coahuila, debido a que el descubrimiento reciente ubicaría a México en un lugar preponderante a nivel mundial como productor de gas natural. De acuerdo con la Administración de Información de Energía (Energy Information Administration, EIA) del Departamento de Energía de Estados Unidos, México ocupa el cuarto lugar de reservas mundiales de gas shale.

Considerando esta información, así como las recientes declaraciones del actual Director General de PEMEX, Emilio Lozoya—cubiertas ampliamente por la prensa extranjera—con respecto a los ambiciosos planes para la exploración y explotación de gas shale en México, pareciera ser que el modelo que observamos en la región de Eagle Ford Shale se extenderá del lado mexicano de la frontera en dimensiones muy considerables. He de confesar, que como a muchos con los que he conversado últimamente, me preocupa un poco que esto suceda. He leído bastante sobre los riesgos ambientales y económicos de este tipo de inversiones. Sobre los riesgos ambientales de la utilización de la técnica del fracking para la extracción de hidrocarburos se ha escrito y hablado demasiado.

Nowhere is the current drought more devastating than Lake Amistad, an international reservoir just west of Del Rio. (Sergio Chapa/Borderzine.com)

Lake Amistad, un reservoir internacional al oeste de Del Rio. (Sergio Chapa/Borderzine.com)

Las investigaciones preliminares sobre este tema en los Estados Unidos deberían tener al gobierno mexicano muy alerta. La protección del medio ambiente y sobretodo la calidad del agua, que es un líquido vital, parecieran estar en juego con la utilización de estas nuevas tecnologías, de acuerdo a algunos reportes elaborados en el vecino país del norte. Pero esto no es todo; parecieran también existir altos riesgos económicos en la exploración y explotación del denominado gas shale. Pareciera ser, según lo explica la activista y fundadora del Foro de Política Energética (Energy Policy Forum), Deborah Rogers, que las grandes compañías de energéticos en Estados Unidos han perdido mucho dinero en este negocio en los últimos años—no obstante lo que se dice de la “revolución” del gas de esquisto y de las muchas promesas de empleo y desarrollo en las regiones donde dominan estos procesos de exploración y explotación de energéticos. Ahí, según cuenta la activista, las grandes petroleras han perdido mucho dinero en este negocio, por lo que ahora buscan países como México para recuperar su inversión. Recientemente, Rogers advierte a los mexicanos y les pide que aprendan de lo que sucede en la economía más grande del mundo.

No entiendo entonces, si es que existen tantas dudas sobre el fracking en Estados Unidos, porqué las autoridades mexicanas parecen no tomar en cuenta los cuestionamientos básicos de la utilización de estas técnicas. Quizás los argumentos en contra de este modelo son infundados, quizás no hay suficiente evidencia; sin embargo, hay que investigar más a fondo sobre este tema. A mí esto francamente me preocupa un poco, pero más me preocupa que al gobierno mexicano parezca no preocuparle. No obstante estas preocupaciones serias en “tiempos aún de guerra”, todo parece estar listo para la entrada espectacular de PEMEX y otros actores internacionales a la industria de los energéticos en esta parte de México. Pareciera que todas las estrellas se van alineando para que esto suceda en un futuro próximo.

Y en eso pensaba cuando nos acercábamos a la ciudad de Del Río, Texas, después de ver tantos pozos de petróleo y gas natural en la zona de Eagle Pass. En ese momento también pasaban por mi mente otros temas como: la violencia extrema en algunas partes de México, el fierro, el acero, el carbón, la frontera, los puentes, los puertos (incluyendo el de Lázaro Cárdenas, en Michoacán, lejos de la frontera), los pozos, las tuberías, la empresa Altos Hornos de México (AHMSA, con sede en Monclova, Coahuila), los Zetas, el conflicto en Michoacán, los Caballeros Templarios, y otras empresas “incorporadas” como las petroleras. No sé por qué cuando pienso en temas de los energéticos en estados mexicanos que tienen frontera con Texas (como Coahuila, Nuevo Léon y Tamaulipas) me vienen siempre a la mente los Zetas, y el modelo (¿paramilitar?) de una empresa criminal transnacional moderna.

Y terminé de reflexionar sobre todo esto cuando llegamos finalmente a la base de la fuerza aérea de Laughlin (Laughlin Airforce Base) y ahí adelante estaba Del Rio, ciudad que esa tarde de verano nos gustó bastante. Pasamos primero por el pequeño centro de la ciudad con sus tiendas antiguas que le daban un aspecto agradable y manejamos rumbo al sur. Pasamos por calles anchas, casas grandes de fachadas hermosas, arboles de pacanas y hasta un viñedo histórico, para finalmente llegar al muro fronterizo, donde pudimos ver el atardecer y luego cenar comida tailandesa en el restaurante Jitra Thai Cusine.

Pero antes de que atardeciera y cenáramos comida tailandesa—cosa rara en las ciudades fronterizas más pequeñas, donde no hay gran variedad de comida, sino más bien cadenas de restaurantes, lugares de comida rápida y muchos establecimientos de comida Tex-Mex—decidimos cruzar a Ciudad Acuña, Coahuila, por el puente internacional Del Rio-Ciudad Acuña. Este Puente es uno de los más largos de la frontera Texas-México. Admiramos de nuevo el Río Bravo: ancho, limpio, parecía poco profundo, con el agua mostrando varios tonos de verde y azul.

Ciudad Acuña, Coahuila, y las dimensiones culturales de la movilización social: Religión y redes sociales

An old plaza for tourists in downtown Ciudad Acuña now sits empty. (Sergio Chapa/Borderzine.com)

Una antigua plaza para turistas en el centro de Ciudad Acuña ahora está vacía. (Sergio Chapa/Borderzine.com)

No hay parques del lado americano del río como en otras ciudades, pero sí hay uno grande cruzando apenas el puente en la parte de México. Regresamos entonces a lo que una vez fue la denominada “Frontera Blanca” y estábamos ahora en Ciudad Acuña, Coahuila. La sensación que tuvimos en nuestro paseo inicial por esta ciudad—como en otras que habíamos conocido del lado mexicano de la frontera este—no fue precisamente de calma ni de seguridad. Y en este último sentido me gustaría aclarar una cosa. En ocasiones anteriores me he referido ya al miedo o desconfianza que he sentido en otras ciudades fronterizas mexicanas durante el viaje como Nuevo Laredo o Piedras Negras, que se consideran, por cierto, plazas de los Zetas. En Ciudad Acuña también sentí lo mismo y no quiero con esto sonar exagerada o alarmista, y mucho menos me gustaría presentarme como aquellos cronistas o periodistas que presumen de estar en lugares inseguros y que se presentan como “valientes” por el peligro personal que esto representa. Yo en realidad no creí que estábamos en peligro o que estábamos arriesgando la vida, para nada. Lo que me pregunté más bien, es que si yo sentía eso, qué sentiría la gente que vivía o trabajaba ahí, y debía estar en ese tipo de ciudades todo el tiempo.

Yo iba a conocer la ciudad a plena luz del día, y aún así me sentí bastante incómoda. Sergio y yo pasamos el parque y caminamos por el barrio en el que alguna vez se concentraron la mayor parte de los centros nocturnos, discotecas y bares a los que asistían mayormente turistas que venían del lado americano. Eso, ahora, parecía haberse acabado. Caminábamos con desconfianza por calles vacías que mostraban ese tipo de negocios desolados—la mayor parte de ellos cerrados, parecía que ya desde hacía tiempo. Lo que parece que fue una vez una zona de diversión y quizás “de vicio y de fornicio”, parecía ahora una zona fantasma, donde sobrevivían tristemente solo un par de establecimientos, entre ellos un bar gay (por eso de la bandera de arcoíris que estaba colocada a la entrada). Y esta fue nuestra visión inicial de la ciudad. Yo francamente sentí deseos de regresar “al otro lado” inmediatamente.

Sergio, sin embargo, me sugirió continuar hasta la plaza principal, frente a la cual estaba una iglesia que se veía a lo lejos y que, según me comentó mi amigo, era el ícono de la ciudad: la parroquia Santa María de Guadalupe. Dicho edificio, cuya construcción es de estilo cubista y moderno, fue construido en 1958, y en su exterior muestra las esculturas de tres ángeles. El ángel principal es símbolo de la ciudad y muchos dicen que “si no lo has visto, entonces no has estado en Ciudad Acuña”. Cuando me dijo esto Sergio, decidí continuar nuestro recorrido por la ciudad rumbo a la plaza principal para conocer esa iglesia. Pero antes de entrar a la iglesia presenciamos una escena interesantísima. Pudimos ver una ceremonia religiosa organizada por un grupo grande de protestantes cristianos (como 100 personas)—no sé en realidad de que denominación—que cantaban y se movían al ritmo de una música agradable y bastante animada. Cabe señalar que estos grupos (algunas veces llamados “sectas”) de protestantes comienzan a ocupar muchos de los espacios que ha ido perdiendo la Iglesia Católica, no sólo en la frontera con Estados Unidos sino en gran parte del continente americano. La gente en las Américas comienza a buscar otros motivos en qué creer, otras instituciones para reafirmar su fe y ejercer su sentido de pertenencia.

Dicho evento me motivó a reflexionar sobre otro tema muy importante: las dimensiones culturales de la movilización social. Estudié por varios años teoría de los movimientos sociales y aprendí que para que se dé la acción colectiva, y en especial para que se forme un movimiento social, deben darse ciertas condiciones y existir ciertos elementos clave como: i) oportunidades políticas; ii) formas de organización (formales e informales) o “estructuras de movilización”; y iii) “procesos de enmarcamiento” (framing processes) que son esfuerzos realizados por grupos de personas para construir interpretaciones colectivas del mundo (ideológicas, de corte cultural, o a través de medios de comunicación), cuyo objetivo es legitimar y motivar la acción colectiva.

A Christian sect holds an afternoon service in Ciudad Acuña's main plaza.(Sergio Chapa/Borderzine.com)

Una secta cristiana lleva a cabo una ceremonia religiosa en la plaza principal de Ciudad Acuña. (Sergio Chapa/Borderzine.com)

Pensando aquí en la dimensión cultural y los aspectos simbólicos de la movilización social, me llegaron a la mente nuevos elementos y creencias que mantienen a la gente unida, y participando en todo tipo de actividades, buenas y malas, legales e ilegales. Como mencioné anteriormente, en el caso de las creencias en el lado mexicano de la frontera, la Iglesia Católica va perdiendo adeptos. Lo anterior se deriva quizás de la percepción de que dicha institución se mantiene corrupta y débil ante situaciones de violencia extrema en la era de la guerra contra las drogas. Lo anterior me lleva a pensar también en otros fenómenos culturales o procesos de enmarcamiento que facilitan la acción colectiva, y especialmente la participación de algunas personas en los grupos de sicarios o narcotraficantes que libran una batalla con otros grupos, entre ellos mismos, y con el Estado mexicano.

Me refiero en particular a símbolos muy importantes como la Santa Muerte o referencias culturales/musicales como los narco-corridos y otros ritmos como el “movimiento alterado” o el narco- hip-hop o reguetón que se manifiesta en las canciones de grupos como “Cano y Blunt” en la frontera este México-Estados Unidos. Ildefonso Ortiz del diario The Monitor (en McAllen, Texas) sabe de esto y describe, en una historia reciente, cómo los jóvenes que participan en el narcotráfico y en actividades relacionadas se identifican y forman parte de estas bandas criminales, animados por ritmos que conocen y disfrutan como el rap, el hip-hop o el reguetón. Dichas canciones cumplen la función que una vez cumplieron de forma general los denominados narco-corridos, pues exaltan las actividades de la delincuencia organizada y dan, de alguna manera, un sentido de pertenencia y una especie de “licencia para matar”. Las generaciones cambian, también así sus ritmos y sus creencias.

Esta nueva forma de movilización social a través de ritmos modernos y nuevas creencias como la Santa Muerte son características de la frontera, pero se expanden a otras regiones del país y de las Américas. El caso más emblemático en este sentido podría ser el de los Caballeros Templarios en Michoacán, México que incorpora a individuos a sus grupos a través de una especie de religión y una organización muy sofisticada que se asemeja a la de cualquier agrupación religiosa que mantiene la cohesión y la fe a través de ciertos símbolos, creencias y reglas muy claras. Sobre los Caballeros Templarios y sus formas de organización, incluyendo oportunidades políticas que encuentran y aprovechan, el periodista Humberto Padgett del sitio de periodismo digital sinembargo.mx hace una cobertura excelente.

Existen, por otro lado, un tipo distinto de procesos de enmarcamiento o framing processes que se transmiten a través de las redes sociales, principalmente a través de Twitter, Facebook y una serie de blogs en los que participan ciudadanos y grupos de todo tipo: buenos y mañosos, ciudadanos comunes, “halcones”, delincuencia organizada y hasta, probablemente, paramilitares. Este tema me lleva a recordar nuestra experiencia en la región de Del Río-Ciudad Acuña. Los susodichos hackers del colectivo Anonymous tienen supuestamente una célula en Ciudad Acuña, denominada Anonymous Freeacuna. Dicho subgrupo es creado, según sus propios autores, para denunciar actividades ilícitas perpetradas por los Zetas, así como actos de corrupción de autoridades locales vinculados a esta agrupación criminal. El día que estuvimos en esa ciudad—como por arte de magia, o por “azares del destino”—la actividad de Anonymous Freeacuna se intensificó y tuve la oportunidad de hablar de esto, por vía telefónica hasta San Antonio, con el periodista Jason Buch del diario San Antonio Express News, quien se encontraba cubriendo precisamente las actividades de ese grupo en la ciudad fronteriza donde nos encontrábamos.

Sobre las redes sociales y su característica como medios para lograr la cohesión de los grupos, su movilización y la consecución de ciertos objetivos, me gustaría mencionar un patrón extraño que he observado en los últimos tiempos, y es la aparición de cuentas en las distintas redes con perfiles de corte militar o que presentan un lenguaje que nos hace recordar a las fuerzas armadas. Hablo, por ejemplo, de usuarios de Facebook y Twitter como Valor por Tamaulipas o Valor por Michocán que denuncian a algunos grupos de la delincuencia organizada manteniendo un “supuesto perfil ciudadano”, pero manteniendo en realidad una lógica de operación más organizada que dista mucho del comportamiento general de los usuarios comunes de las redes sociales.

Este fenómeno lo he comentado con usuarios confiables de dichas redes, los cuales no se identifican de ninguna manera con perfiles como Valor por Tamaulipas o Valor por Michoacán. Estos últimos parecen no operar bajo una lógica ciudadana y tienen agendas no muy claras—y en ocasiones incluso sesgadas en contra de algún grupo en particular de la delincuencia organizada. Con este comentario no sugiero que estas cuentas estén vinculadas necesariamente a criminales, solo señalo el hecho de que el comportamiento de las mismas tiene una lógica propia que parece atender a objetivos muy concretos y mucho más organizados que aquellos que son claramente ciudadanos. En una situación donde se confunden las agendas de los actores, donde el estado no monopoliza el uso legítimo de la violencia en todo el territorio nacional y donde parecen operar algunos grupos paramilitares (en regiones muy específicas y siguiendo modelos diferentes—como en el caso de Colombia), las dinámicas propias de estos movimientos parecen trasladarse también a las redes sociales.

La Presa Amistad y el Cañón Seminole

Terminó finalmente nuestro recorrido por Ciudad Acuña y regresamos a Del Río donde pasamos la noche. A la mañana siguiente tuvimos la oportunidad de conocer y platicar con la editora del diario Del Rio New-Herald, Diana “Didi” Fuentes, con quien desayunamos en el restaurante Chinto’s, que ofrece comida Tex-Mex y que tiene una decoración muy original que incluye coloridas máscaras de lucha libre. La plática fue muy interesante pues Didi nos platicó sobre la reciente transformación de la sociedad y las dinámicas de los medios de comunicación en la frontera este México-Estados Unidos, así como los grandes cambios en la cobertura de los temas de frontera durante los últimos años.

The sapphire blue water of Lake Amistad. (Sergio Chapa/Borderzine.com)

Las aguas de color azul zafiro del lago Amistad. (Sergio Chapa/Borderzine.com)

Después del desayuno continuamos nuestro recorrido hacia el oeste a través de la carretera 90. A sólo aproximadamente 12 millas de la ciudad de Del Rio, nos encontramos en el Área Recreativa Nacional Amistad, que se ubica en la parte estadounidense de la presa internacional del mismo nombre: Amistad. Aquí, lo primero que nos llamó la atención fue el visible impacto de la sequía en esta zona. Encontramos arbustos sin hojas, muy poca vegetación y tierra cuarteada por la falta de agua. El agua de la presa mantenía niveles bastante bajos, pero la vista y el color del agua eran espectaculares. Visitamos también el Cruce Internacional de la Amistad que fue construido en 1969. Los trabajos en la presa fueron obra conjunta de los gobiernos de México y Estados Unidos y, como su nombre lo indica, constituyen una demostración de la política de comprensión, respeto y colaboración que han mantenido las dos naciones vecinas para el mejor aprovechamiento de sus ríos internacionales [Nota: ojalá con los problemas actuales lo sigan haciendo]. A orillas de la presa del lado americano se puede pescar y nadar. El paisaje es extraordinario.

Continuamos entonces nuestro camino por la carretera 90 y llegamos al parque estatal del Cañón Seminole, un sitio histórico interesante que se ubica a orillas de uno de los brazos del Río Bravo (o Rio Grande, como le dicen los americanos). Esta región fue hogar de algunos grupos de indios americanos, quienes aparentemente cazaban varias especies de animales en la última parte de la “edad de hielo”. El paisaje es árido y rocoso, pero muy interesante. Aquí todavía pueden encontrarse pinturas rupestres en las paredes de algunas elevaciones que se forman en distintas partes del parque. Sin embargo, llegamos ya tarde ese día y desafortunadamente no pudimos tomar la visita guiada para ver las pinturas. Pero estando en ese lugar, podíamos imaginarlas perfectamente. Aquí, en medio de una vegetación de climas más bien desérticos, con una vista hacia un lugar espectacular, me doy cuenta que hablar de la frontera no se trata solo de hablar de problemas, de violencia, seguridad, migración y tráfico de drogas, armas o personas. Hablar de la frontera es mucho más; es también belleza, contrastes y diversidad.

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