El condado de Starr y La Frontera “Olvidada”: Las colinas del valle de Texas, la presa El Azúcar y una guerra en (por) la Cuenca de Burgos

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Después de cruzar el Río Bravo hacia el municipio fronterizo mexicano de Díaz Ordaz, Tamaulipas en un ferry o “chalán” que se mueve jalado por hombres, regresamos a los Ébanos en la parte americana y salimos del condado de Hidalgo para adentrarnos a otro condado: Starr, Texas. Esta región pertenece a la denominada zona estadística “micropolitana” Rio Grande City-Roma, que cuenta con cuatro ciudades principales: Escobares, La Grulla, Rio Grande City (que es la sede o cabecera del condado) y la ciudad histórica de Roma. La mayor parte de quienes viven aquí son considerados latinos o hispanos. Starr es uno de los condados más pobres de la Unión Americana y ha ocupado siempre los primeros lugares en la lista de los más pobres en el estado de Texas. En el condado de Starr cerca de la mitad de la población vive por debajo de la línea de pobreza.

A Starr County se le denomina "El País de las Colinas del Valle del Río Grande”. (Sergio Chapa/Borderzine.com)

A Starr County se le denomina "El País de las Colinas del Valle del Río Grande”. (Sergio Chapa/Borderzine.com)

Esta región es la más accidentada del Valle de Texas, por lo que se le ha denominado “El País de las Colinas del Valle del Río Grande” (Hill Country of the Rio Grande Valley). La geografía y la tierra de esta región contrastan con el resto de los condados del Valle que son planos y cuentan con terrenos más propicios para la agricultura. En el condado de Starr se puede observar un terreno más árido, más piedras, más cactáceas y menos tierras cultivadas. Además, dicen que por aquí pasa mucho contrabando. Pudimos ver mucha vigilancia policíaca, muchas unidades de la patrulla fronteriza, mucho movimiento de distintas agencias de seguridad, locales y federales. La primera vez que pasé por aquí con mis padres, pensé: “esto no parece Estados Unidos”. Esta región pobre del sur de Texas parece “olvidada” … olvidada por el desarrollo del resto de la Unión Americana.

Del otro lado de este condado texano —en la parte mexicana— está una región aún más olvidada, una región fronteriza que me interesa demasiado, denominada la “Frontera Chica” que está formada por cinco municipios pequeños de Tamaulipas: Díaz Ordaz, Camargo, Miguel Alemán, Mier y Guerrero. La Frontera Chica tamaulipeca se mantuvo prácticamente desconocida por el público en general, y ha sido poco estudiada por académicos y analistas hasta hace relativamente muy poco, cuando la violencia en esta región alcanzó niveles nunca antes vistos. La violencia desmedida en Tamaulipas —y en especial en la denominada Frontera Chica— se derivó principalmente del conflicto entre dos violentos grupos del crimen organizado: el Cártel del Golfo (CDG) y los Zetas, así como de la incursión de las fuerzas armadas mexicanas en el combate a estas organizaciones criminales. En este contexto, los municipios que forman la Frontera Chica se convirtieron en años recientes en foco de atención por el número de víctimas y el éxodo de personas que huyeron de esa región, escapando de la violencia extrema que afectó, sobre todo, a los grupos más vulnerables.

Lupita subiendo el Santa Cruz en Rio Grande City, Texas. (Sergio Chapa/Borderzine.com)

Lupita subiendo el Santa Cruz en Rio Grande City, Texas. (Sergio Chapa/Borderzine.com)

La conexión entre el condado de Starr y la Frontera Chica se hace a través de dos puentes internacionales: el puente Rio Grande City-Camargo y el que conecta a Roma, Texas con Miguel Alemán, Tamaulipas. He tenido la oportunidad de pasar por aquí varias veces, en tiempos muy complicados. Empecé a estudiar la frontera Tamaulipeca a finales de 2009, ya cuando las cosas se empezaban a poner muy feas. Me di cuenta que no había mucho escrito de esta frontera y me decidí a investigarla, a conocer sobre ella, sobre su tierra, su economía, su gente, y sus problemas. Y de estos últimos, encontré mucha información. El noreste de México —y sobre todo la Frontera tamaulipeca— experimentó recientemente una guerra muy violenta, la guerra entre el Cártel del Golfo (o CDG) y los Zetas, que comenzó formalmente a principios de 2010 y tuvo su epicentro en esta zona.

Los que estudiamos el tema del narcotráfico y la seguridad en México recordamos bien las escenas de Camargo en 2010 en YouTube y Blog del Narco principalmente—y en algunos medios formales (pero aquí no tanto). Recordamos los enfrentamientos, las balaceras, los automóviles y las casas incendiándose, el ruido de los cuernos de chivo y las metralletas. Recordamos cuando a finales de 2010, cerca de la mitad de los habitantes de Ciudad Mier (pueblo mágico) tuvieron que huir de sus casas y refugiarse en la ciudad vecina de Miguel Alemán. Recordamos las extorsiones, los secuestros, la entrada del ejército y luego de la marina, lo cual, en un principio, elevó aún más los niveles de violencia y así como el número de muertos y desaparecidos.

Recordamos también que los medios formales no reportaban aquí en la frontera tamaulipeca —por miedo algunos y otros por conveniencia (la “ley de la plata o el plomo”)— y así recurrimos, para informarnos, a las redes sociales. Así nació en esta zona, y principalmente en la ciudad de Reynosa, lo que yo llamo el “periodismo ciudadano” (de guerra). Parecía que la Frontera Chica estaba viviendo una guerra civil: miles de muertos, control de las comunicaciones y de las carreteras, armas de alto calibre, soldados y marinos en las calles, descabezados, desmembrados, granadazos, narcomantas, silencio mediático, y toda una serie de características que se presentan en una guerra civil y no precisamente en un “conflicto de baja intensidad” como me hacen llamarle los académicos a los eventos que se vivieron en esta época. Para mí, la verdad, parecía más bien, una guerra. Y era una guerra donde había paramilitares (en todo el sentido de la palabra), donde había narcos y donde participaba, con toda su fuerza, el Estado mexicano (o quizás varios Estados). No era solo una “guerra de narcos”.

También recuerdo que cuando viajé por primera vez a Díaz Ordaz (y solo pasé, no me quedé a comer), lo hice con un amigo “que podía pasar”. La entrada a quienes “no eran de ahí” estaba prohibida. Y eso sucedía a lo largo de toda la Frontera Tamaulipeca, pero más en la Frontera Chica. Yo por suerte conocía a “alguien”. Por cierto, debo admitir que no conozco Nueva Ciudad Guerrero. Desde 2010 hasta ahora me han recomendado que no me acerque por ahí. Pero sí conozco el puente y la Presa Falcón —y este relato será parte del siguiente episodio de nuestro viaje. La Presa Falcón … cuántas cosas han pasado por ahí, que nunca se han documentado, que no se ven, que “se dejan pasar” … y pasan y “se dejan pasar” de ambos lados de la frontera, de la frontera “olvidada”.

Llamé en un inicio a la frontera tamaulipeca, la “frontera olvidada”. La llamé así gracias a Sergio Aguayo Quezada, un profesor del Colegio de México, que me dio esa idea. La verdad la idea de llamarle “olvidada” a esta parte de la frontera México-Estados Unidos vino de Aguayo y no de mí. Pero la idea de usarla para mi trabajo, pues sí fue idea mía. Y ahora confieso que ya no siento que la frontera tamaulipeca esté tan olvidada como antes. Olvidada ahora, “para nada”, solo falta ver toda la infraestructura carretera y comercial que se ha venido construyendo en esta zona en los últimos años —precisamente cuando se estaba librando una “especie” de guerra. Muy curioso este fenómeno diría yo. A estas obras nunca les pasó nada. Y hasta el ex-presidente Calderón terminó inaugurando las más importantes. Pienso, sobretodo, en los puentes que conectan al Condado de Hidalgo con Tamaulipas y con el final del tramo de la supercarretera Mazatlán-Matamoros.

Hace dos años el título de mi libro (uno que estoy escribiendo ahora mismo) llevaba el nombre de La Frontera Olvidada, pues yo creo que lo que pasó en México se gestó aquí, en Tamaulipas, en su frontera … por todo lo que hay aquí y por todo lo que representa esta zona. Y porque aquí surgieron los Zetas. Tengo algunas teorías de por qué el conflicto “de alta intensidad” en México en los últimos años está relacionado directamente con el surgimiento de ese grupo criminal paramilitar en esta frontera, que un día fue olvidada —y donde hay, por cierto, muchos hidrocarburos.

Torre de agua en Camargo, Tamaulipas. (Sergio Chapa/Borderzine.com)

Torre de agua en Camargo, Tamaulipas. (Sergio Chapa/Borderzine.com)

Pero regresando a mi viaje con Sergio (con Sergio Chapa, no con Sergio Aguayo), hay un episodio que recuerdo especialmente y que me trae muy gratos recuerdos. Este fue mi último cruce hacia Camargo, Tamaulipas, municipio que se conecta por un puente con la cabecera del condado de Starr, Río Grande City. En realidad, igual que a lo largo de toda la frontera, observamos un gran contraste entre la ciudad mexicana y la estadounidense. Rio Grande City ha experimentado un gran desarrollo recientemente que se refleja en la construcción de plazas comerciales y nueva infraestructura inmobiliaria. El avance económico en esta ciudad fronteriza contrasta grandemente con la situación en Camargo, y las diferencias entre las dos regiones se acentúan principalmente a partir de la guerra.

Entramos a Ciudad Camargo y nos encontramos con una ciudad bonita, limpia, histórica, pero un poco deteriorada por la guerra; se podían ver aún negocios abandonados e incluso algunas casas quemadas y huecos de balas en paredes y en algunos señalamientos en el camino. En Camargo hice dos nuevos amigos, Don Artemiso y Don Edgardo (cambié los nombres porque así debe hacerse cuando uno habla de la Frontera Chica; en Tamaulipas uno debe mantener el anonimato). Estos “Dones” son de Camargo (y yo les digo “Dones”, pero uno de ellos me dice que no le diga así porque, según me dijo, “Don” se usa solo para los ricos y a él su profesión no le deja mucho). Don Artemiso y Don Edgardo nos mostraron lo mejor de Camargo. Y también nos llevaron a la presa Marte R. Gómez —también conocida como la Presa El Azúcar— que está ubicada en el cauce del Río San Juan, el cual tiene su origen en Coahuila y Nuevo León. La construcción de la presa culminó en el año de 1946 y su función primordial es para el riego agrícola (pertenece al distrito de riego del Bajo San Juan).

Ahí en la presa nos llevaron a un torneo de pesca (o más bien un torneo de “captura y libera”) y ahí nos dimos cuenta de que se están gestando interesantes esfuerzos para reavivar el turismo en esta zona después de la guerra, la cual prácticamente acabó con los visitantes y pescadores que venían del extranjero. Ahí estuvo María del Carmen Rocha Hernández—quien era la alcaldesa en ese momento —despidiéndose de su periodo a la cabeza del municipio. Sobre esto, Sergio Chapa escribió un muy buen artículo. Recomiendo ampliamente su lectura, pues además nos presenta unas fotos que de verdad valen la pena.

Don Artemiso nos llevó en su lancha, una de esas rápidas y moderna, y vimos cientos de pájaros: garzas, patos, pelícanos y espátulas rosadas (roseate spoonbills). Fue un viaje que nunca voy a olvidar: cientos y cientos de pájaros y nosotros con Don Artemiso en su lancha, conociendo un poco de lo que fue antes la vida en la frontera olvidada. Don Edgardo nos llevó luego a ver la presa por otro lado —que por cierto andaba muy escasa de agua por aquello de la sequía— y en el camino pudimos ver algunos “halconcillos” (es decir, algunos informantes del ya muy debilitado Cártel del Golfo) y nos paramos a ver el puente destruido por el Huracán Alex que comunica a Comales con Camargo. Dicen por ahí, que no se ha reconstruido por ideas de la delincuencia organizada (por recuerdos de lo que fue la guerra, mejor dicho).

El segundo y último cruce de nuestro viaje por el condado de Starr es el que conecta a las ciudades de Roma, Texas y Miguel Alemán. Roma fue fundada en 1765 y cuenta con una plaza central con edificios históricos bastante bonitos. Desde esta ciudad, y casi a orillas del Río Bravo, se pueden ver los riscos y la ciudad tamaulipeca de Miguel Alemán. A estas dos ciudades las conectan en realidad dos puentes: uno “colgante” antiguo que ya no se utiliza y otro que es por el que pasan todas las personas, los automóviles y las mercancías. Desde la ciudad de Roma pudimos ver el atardecer más hermoso que puede verse desde toda la frontera tamaulipeca. Y al lado de nosotros estaban varias unidades de la patrulla fronteriza también mirando el atardecer. Tuvimos ese día una de las mejores vistas hacia el Río Bravo.

Me gustaría terminar este relato con un trabajo que escribí hace algunos meses. Es un trabajo más bien académico, pero no tanto como el libro que estoy escribiendo. Este trabajo es una descripción —o una radiografía— de la Frontera Chica tamaulipeca hoy en día. La verdad nunca he visto un trabajo descriptivo de este tipo. Quienes escriben hoy sobre Tamaulipas son los periodistas y los usuarios de las redes sociales (los tuiteros, los blogueros y quienes tienen una página de Facebook, entre otros). Sobre Tamaulipas no se escribe mucho y antes no se escribía casi nada. Pienso que esto se debía, en gran medida, al control que ejerció por mucho tiempo en el estado la delincuencia organizada. Ahora, con la denominada guerra, algunas personas comenzaron a tratar de documentar los hechos y a contar algunas historias. Algunos de los que venían a Tamaulipas se autodenominaron “reporteros de guerra” y escribieron algunas crónicas … algunas crónicas “de guerra” como ellos mismos (u otros) les han llamado, pretendiendo quizás seguir los pasos de gente como Jon Lee Anderson de la revista New Yorker.

Respeto el género de la “crónica”, y creo en el valor que tiene en los tiempos como los que ha vivido México. Pienso que ha permitido darle voz a la gente en una era violenta, donde prevalecen el terror y el miedo. Sin embargo, pienso que se ha abusado un poco del género. Ahora muchos periodistas en México se quieren creer “cronistas” y la verdad luego hacen unas cosas horribles, que deforman la realidad y desinforman a la sociedad en la búsqueda quizás de algún reconocimiento personal. Soy muy crítica en particular de los que se autodenominan “cronistas de guerra” (en la tradición de Lee Anderson), es decir de aquellos que fanfarronean escribiendo historias de viajes por lugares peligrosos, como la frontera Tamaulipeca.

Y en este sentido, quisiera yo ser clara y desvincularme, por anticipado, de cualquier pretensión de cronista con las historias sobre nuestro viaje, y en particular con la historia de hoy que se centra en una “especie” de guerra. Yo soy académica, y no pretendo ser periodista, ni escritora, y mucho menos cronista. Con estas historias, creo que Sergio y yo solo queremos informar y compartir una experiencia. Espero que este episodio del viaje (que fue por una zona que se considera aún peligrosa) no suene a una pseudo-crónica de guerra, como las de algunos periodistas que conozco. Por eso ahora mismo escribiré en el tono que suelo hacerlo casi siempre: como académica.

Pero el siguiente relato no es muy académico que digamos, es una pura descripción de un lugar que un día fue olvidado. Utilizo fuentes muy básicas, como las páginas de Internet del estado de Tamaulipas y mis conversaciones y entrevistas con la gente de estos lugares. Este trabajo quizás no será incluido en mi libro, pero me gustaría compartirlo pues le da un cierto orden a las cosas que he vivido. Los libros de los académicos son un poco aburridos, pero uno tiene que ser muy preciso y no dejar lugar a dudas. No es posible conspirar en la literatura académica, hay que comenzar generando un marco teórico a partir de literatura especializada y construir un análisis que pueda ser validado de alguna manera. Debido a que mi tema de estudio es complicado y hay partes que no puedo validar, aprovecho este espacio y la oportunidad que nos dieron Zita Arocha y el equipo de Borderzine para reflexionar sobre mi libro y sobre uno de mis estudios de campo más importantes (mi estudio de la frontera Texas-México).

Ahora sí va la descripción de la Frontera Chica, es decir, de los municipios que colindan—en parte o en su totalidad—con el condado de Starr, Texas.

Una Radiografía de la Frontera Chica

Mapa de la Frontera Chica.

Mapa de la Frontera Chica.

La Frontera Chica tamaulipeca—denominada, por muchos, la “Ribereña”—es la región que comprende los municipios más pequeños y menos conocidos de la frontera norte de México. Dichos municipios se localizan entre las ciudades de Reynosa y Nuevo Laredo y colindan con el estado americano de Texas. Díaz Ordaz, Camargo, Miguel Alemán, Mier y Guerrero son los cinco municipios que conforman la Frontera Chica, y se encuentran comunicados a través de la carretera “Ribereña” que parte desde el centro de Reynosa hasta la entrada a Nuevo Laredo. Esta región fronteriza cuenta con pocos habitantes; si se suman los cinco municipios se tiene una población total de aproximadamente 67,000 personas (INEGI, 2010). La también denominada zona Ribereña se convirtió recientemente en sinónimo de “guerra”.

Díaz Ordaz

Este municipio colinda al este con Reynosa y al oeste con Camargo; limita al Norte con Texas y al Sur con el estado de Nuevo León. Según el último Censo de Población y Vivienda (INEGI, 2010), Díaz Ordaz tiene una población de 15,775 habitantes. Su extensión territorial es de 394.86 km2, que representa el 0.33 por ciento del total estatal. La cabecera municipal se encuentra en la Ciudad de Gustavo Díaz Ordaz y está integrada por 48 localidades, entre las que destacan: Congregación, Valadeces, Venecia y Villarreales. Este municipio fronterizo se comunica con el vecino país del norte a través de ferry o “chalan”. Díaz Ordaz posee suelo fértil para la agricultura. Aquí, la tenencia de la tierra es mayormente ejidal, y su uso es básicamente agrícola y ganadero.[1]

Camargo

Este municipio fronterizo posee una extensión territorial de 937.15 km2, que representa el 1.05 por ciento del total de la entidad, y su población es de 14,933 habitantes (INEGI, 2010). Camargo colinda al norte con Texas, al sur con el estado mexicano de Nuevo León, al este con el municipio de Miguel Alemán y al oeste con el de Díaz Ordaz. El municipio está integrado por 105 localidades, de las cuales las más importantes son: Ciudad Camargo (cabecera municipal), Comales, Rancherías, Santa Rosalía, Nuevo Caudillo, San Francisco, Guardados de Abajo y El Azúcar. El 50 por ciento de su superficie se encuentra cubierta por el agua de la presa Marte R. Gómez, base del sistema de riego del Bajo Río San Juan (distrito de riego 25). La mayor parte de la población de Camargo se dedica a la agricultura y la ganadería; el municipio cuenta también con algo de maquila. En lo que respecta a la tenencia de la tierra, predominan los regímenes de propiedad ejidal y comunal.[2]

Miguel Alemán

Miguel Alemán, Tamaulipas tiene una población de aproximadamente 27,000 habitantes (INEGI, 2010), y posee una extensión territorial de 660.49 km2, que representa el 0.62 por ciento del total estatal. El municipio colinda al norte con Estados Unidos, al sur con Nuevo León, al este con Camargo y al oeste con el municipio de Mier y el estado de Nuevo León. Tiene 47 localidades, entre las que se encuentran: Miguel Alemán (cabecera municipal), Los Guerra, Arcabuz, El Nogalito, Los Treviño, El Ranchito y Los Ángeles. Los principales recursos hidrológicos de Miguel Alemán son el Río Bravo y la Presa Marte R. Gómez—la cual tiene una capacidad de almacenamiento de 2,406 millones de metros cúbicos.[3]

Mier

El municipio de Mier, Tamaulipas cuenta con una superficie de 888.35 km2—que representa el 1.3 por ciento del total del estado—y posee una población de 4,762 habitantes (INEGI, 2010). Colinda al norte con el municipio de Guerrero, al sur y oeste con el estado de Nuevo León (incluyendo los municipios de Parás, Agualeguas, General Treviño y los Aldamas) y al este con Miguel Alemán y el estado americano de Texas. El Municipio está integrado por 43 localidades, entre las que destacan: Ciudad Mier (cabecera municipal), La Barranca, La Loma y La Reforma. Las principales actividades económicas de Mier son la agricultura, ganadería y pesca deportiva. El municipio cuenta con la presa “Las Blancas”, en la cual se realizan grandes torneos de pesca, pues aloja a una gran variedad de especies como la lobina negra o robalo, carpa, catán (o pejelagarto), agujeta y mojarra.

El 5 de diciembre de 2007, Ciudad Mier fue declarada “Pueblo Mágico”. Dicho título fue otorgado por la Secretaría de Turismo de México, pero debido a problemas de inseguridad, le fue retirado en 2010 (y ahora lo recuperó). En noviembre de 2010 una gran parte de la población abandonó Ciudad Mier para refugiarse en el municipio de Miguel Alemán; lo anterior, debido a la violencia extrema generada por los enfrentamientos entre el CDG y los Zetas. En 2011, un número importante de familias que estaban albergadas en Miguel Alemán iniciaron su regreso. Actualmente existe una importante presencia militar en esta ciudad derivada de los hechos antes mencionados, y de la construcción de una base militar a escasos kilómetros de la localidad y cerca de la línea fronteriza.[4]

Guerrero

Este municipio fronterizo colinda al norte con Nuevo Laredo, al sur con Mier, y al oeste con los municipios de Parás y Anáhuac que pertenecen al estado de Nuevo León. Además, este es el único municipio de la frontera norte de México que limita con tres condados del estado de Texas en su lado este (Webb, Zapata y Starr). Su extensión territorial es de 2,406.85 km², y tiene una población de aproximadamente 4,500 habitantes (INEGI, 2010). Guerrero se integra por 70 localidades, siendo las más importantes: Nueva Ciudad Guerrero (cabecera municipal), el ejido San Ignacio, La Lajilla, San Rafael de las Tortillas, El Águila, Santa Teresa, Golondrinas, Las Adjuntas y San Miguel.

Guerrero se ubica sobre la cuenca del Río Bravo—que cruza al municipio de este a oeste—y cuenta con el Río Salado, localizado en la parte central. Además, un 50 por ciento del territorio del municipio se encuentra cubierto por la Presa Falcón. Cabe mencionar que aquí se construyó el Puente Internacional Falcón,[5] que es el único paso de México a Estados Unidos libre de cuota.[6] Una gran extensión de aguas en la presa Falcón tiene róbalos verdes o lobinas. La economía municipal se basa principalmente en la pesca, ganadería y agricultura. En lo que respecta a la tenencia de la tierra, la mayor parte de la superficie del municipio es propiedad privada. El llamado turismo cinegético—o la cacería—has sido también una de las actividades turísticas más importantes en el municipio.[7]

Características Generales de la Frontera Chica

En resumen, la Frontera Chica es básicamente una zona agrícola, ganadera y dedicada al comercio local. El turismo cinegético y la pesca son también actividades económicas importantes en esta región del norte de México. Entonces, la también llamada “Ribereña” es una zona de ingreso medio/medio-bajo que cuenta, en su mayoría, con ganaderos y agricultores. Asimismo, su cercanía con Estados Unidos y los cuatro cruces internacionales que operan en la región representan para sus habitantes oportunidades comerciales interesantes. No obstante lo anterior, la Frontera Chica no posee la misma importancia a nivel industrial de otras ciudades fronterizas tamaulipecas como Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros, las cuales fueron cuna del proyecto maquilador en el este de la frontera México-Estados Unidos y son además los principales centros de operación de las organizaciones dedicadas al tráfico de drogas en el estado de Tamaulipas.

El rezago de la Ribereña con respecto a las tres principales ciudades fronterizas tamaulipecas tiene su origen en el surgimiento de la maquila. Durante la primera mitad del siglo pasado existía una mayor homogeneidad en lo que se refiere al desarrollo de los municipios fronterizos tamaulipecos. Lo anterior se explica por el auge algodonero que benefició a gran parte de la región, desde Matamoros hasta Miguel Alemán. Dicho auge dura hasta finales de los cincuenta, principios de los sesenta, y se vincula con la construcción de la Presa Falcón. Así, en la primera mitad del siglo veinte, la agricultura se volvió la actividad más importante en el lado este de la frontera México-Estados Unidos. El auge algodonero representó también beneficios para los trabajadores de la región debido a la fortaleza que mantuvo el sindicato jornalero de Matamoros, el cual logró homogeneizar los salarios desde esta ciudad hasta Miguel Alemán.[8] Pero posteriormente, como señala la Dra. Cirila Quintero, directora regional del Colegio de la Frontera Norte (COLEF)-zona noreste, “la suerte de la Frontera Chica cambia debido a la adopción del modelo maquilador en esta región del país”. En este nuevo contexto, “los municipios de la Ribereña quedan fuera del nuevo esquema de desarrollo pues se mantienen como regiones agrícolas, mientras que las tres grandes ciudades de Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros se incorporan a un modelo de crecimiento económico diferente”.[9]

Aún cuando la Frontera Chica no desarrolla un sector industrial importante, la calidad de vida de los habitantes de la zona se mantiene a niveles aceptables, lo que se refleja en un ingreso per cápita estable posterior al periodo del auge algodonero. En este contexto, dicha región se vuelve estratégica para el trasiego de drogas hacia los Estados Unidos. Las condiciones geográficas favorecen la actividad de los traficantes de drogas en la región Ribereña, quienes aprovechan las circunstancias del terreno y del Río Bravo. Por aquí se comienzan a cruzar cantidades importantes de droga, y varias casas en diversos poblados y rancherías de la zona (como Valadeces, San Francisco, etc.) se utilizan para almacenar dicha mercancía de consumo ilegal. Esta actividad beneficia a la Ribereña en cierto modo y llega un momento en el cual gran parte de los habitantes de la región se encuentran vinculados con el trasiego de drogas hacia el vecino país del norte. Esto provoca que en una época (entre 1980 y el año 2000) la moneda de circulación fuera el dólar estadounidense. Además, en este periodo, el valor de los productos era más caro en relación con otros municipios tamaulipecos y había mucho circulante. Lo anterior inhibió la diversificación de la economía en la Frontera Chica y pareciera que la mano de obra “se acostumbró al dinero fácil” en lugar de buscar empleo formal. Como señalan algunos: “lo más fácil era cruzar un morral con droga por el río”.

Así se explican los orígenes del tráfico de drogas en la Frontera Chica. Los pobladores de la región aprovecharon las circunstancias dadas por terreno y el río—incluyendo las partes bajas del mismo y las islas que se forman y que facilitan el traslado de droga—y por varios años se dedicaron a esta actividad con gran naturalidad y sin llamar la atención por ser pueblos muy pequeños. En los años subsecuentes, llegaban los camiones desde el sur de México (y de más al Sur) con droga a las plazas de la Frontera Chica; y un gran número de pobladores se surtía con mercancía ilegal y la pasaban al otro lado del Río Bravo. Así, los traficantes de la Ribereña trabajaron de manera independiente hasta la década de los noventa cuando el Cártel del Golfo—organización que nace en Matamoros y que domina por varias décadas el negocio del narcotráfico en Tamaulipas—reestructura sus operaciones y empieza a imponer las condiciones de tráfico de drogas en la Frontera Chica. Cambian entonces las reglas del juego y surge la figura de “jefe de plaza” con el objeto de mantener el control del negocio en distintas partes de la frontera y del estado en general desde la ciudad de Matamoros, cuna y plaza principal del CDG.

La Frontera Chica: Una Región Violenta

El CDG mantuvo el monopolio del tráfico de drogas en la región tamaulipeca por varias décadas. Hacia finales del siglo veinte, el CDG introduce a los Zetas como su brazo armado para asegurar su monopolio en Tamaulipas. El grupo de los Zetas se formó a partir de militares desertores que pertenecieron a grupos de élite del ejército mexicano,[10] y fueron entrenados en el manejo de armamento altamente especializado y labores de contrainsurgencia—dicen algunos, que por asesores extranjeros.[11] Eventualmente, los Zetas dejan de ser el brazo armado del CDG y comienzan a operar de manera independiente. Finalmente, a principios de 2010, se da un rompimiento entre las dos organizaciones que desemboca en una violenta batalla, la cual afecta de forma contundente a la sociedad, la economía y la situación en general del estado, y muy especialmente a la Frontera Chica.

La “Guerra” por la Frontera Chica

La violencia en la Frontera Chica tamaulipeca se encuentra relacionada, inicialmente, con la transformación del crimen organizado en el estado y toma su mayor expresión a partir de comienzos de 2010 con la ruptura definitiva entre el CDG y los Zetas. A partir de la década de los sesenta, se generaliza el narcotráfico en la Frontera Chica, pero se mantiene la estabilidad y la convivencia pacífica entre los habitantes de la zona. Fue hasta la segunda mitad de los noventa cuando se transforma el crimen organizado en Tamaulipas y el CDG toma el control del trasiego de drogas a través de toda la frontera que tiene este estado con Texas. Así, como señala un habitante de la Ribereña, desde finales del siglo pasado “se pierde el esquema del narco tradicional, del narco amistoso que participaba en política, de aquel que convivía de manera pacífica con el pueblo.” Surge entonces la figura de “jefe de plaza” y el CDG, con ayuda de los Zetas, consolidan su poder en toda la región.

Pero la violencia en esta región fronteriza se vuelve extrema hasta hace relativamente muy poco, con la separación—a comienzos de 2010—entre el CDG y su antes brazo armado, los Zetas, quienes inician una lucha encarnizada por el control de las plazas en una zona estratégica. Los municipios de Díaz Ordaz, Camargo, Miguel Alemán y Guerrero poseen cruces internacionales; esto representa un incentivo irresistible para dominar la región y controlar una zona de tráfico porosa y poco conocida. Los periodos de extrema violencia que experimenta la Frontera Chica en 2010 y 2011 (incluyendo el éxodo masivo de habitantes—una parte temporal y otra permanente—de Ciudad Mier a la ciudad contigua de Miguel Alemán), son una prueba de la importancia que esta región—relativamente desconocida y que fuera alguna vez pacífica—representa para las organizaciones criminales.

Mientras que la porosa Frontera Chica representa un territorio estratégico para el trasiego de drogas, existe un factor adicional que debe considerarse al examinar esta región en particular. El conflicto entre el Cártel del Golfo y los Zetas parecería requerir del establecimiento de zonas de contención (buffer zones) o, mejor dicho, áreas donde puede darse el conflicto sin limitaciones, donde la lucha armada se desarrolle libremente sin afectar a ciudades más importantes como Reynosa, Matamoros o Nuevo Laredo, que constituyen centros neurálgicos de operaciones y de flujo de efectivo para estos grupos criminales. La Frontera Chica hoy no solo sirve como barrera física, campo de batalla o buffer zone, también representa, según un habitante de esta zona, “un agujero negro en lo que se refiere a las comunicaciones, donde nada pasa, y si pasa, se reduce a meras conjeturas y exageraciones por parte de la opinión pública.” Para los habitantes de la Ribereña, según este personaje, “esta región en particular representa una tierra peligrosa, una tierra de nadie, donde el Estado deja de existir, y donde la ‘ley del más fuerte’, en este caso de los grupos del crimen organizado, se manifiesta de manera contundente.”

Así empezó la “guerra” por la Frontera Chica. Más tarde, el CDG se replegó a Reynosa y dominó Matamoros; los Zetas tomaron el control de Nuevo Laredo. En sus respectivas plazas, las dos organizaciones criminales se fortalecían y de ahí salían a tratar de conquistarse. Esto pasó en los años recientes. La Ribereña era el punto de encuentro. Tanto para el CDG como para los Zetas parecía muy importante ganar la Frontera Chica, pues cuando empezó la guerra se pensó que quien tomara el control de esta región controlaría toda la frontera tamaulipeca. Sin embargo, esto no resultó ser cierto. Por un momento, el CDG mantuvo el control territorial de casi toda la Frontera Chica (con excepción del municipio de Guerrero) y no pudo llegar a Nuevo Laredo; se tuvo que frenar en Mier. Por un tiempo, La Frontera Chica continuó siendo campo de batalla en el cual se enfrentaban dos peligrosas bandas del crimen organizado.

Comentarios Finales: Ganadores de la Guerra en la Cuenca de Burgos

La situación parece haber cambiado hoy en día y esto tiene que ver con el papel del Estado y las fuerzas armadas. Se descabezó al CDG; sus líderes principales fueron desapareciendo, fueron asesinados y en su mayoría fueron arrestados por el gobierno mexicano—muchos de estos “capos”, dicen por ahí, fueron detenidos con ayuda de los Estados Unidos. Sin embargo, la corrupción y la extorsión se mantienen en la región. Las fuerzas del orden no han podido controlar completamente la zona y esto es visible cuando se transita por la carretera Ribereña y se observan esos automóviles y camionetas que la gente de la región identifica inmediatamente como propiedad de los “mañosos” (en el lenguaje coloquial), es decir, como propiedad de la delincuencia organizada.

Algunos de los pobladores de la región Ribereña o Frontera Chica dicen que ya terminó la guerra (por lo menos aquí). Para ellos ya terminó una guerra entre dos grupos que causó mucha muerte y destrucción, y desplazó a mucha gente. Me pregunto, ¿quién ganó en realidad la Guerra por la Frontera Chica? Pues seguro no el Cártel del Golfo, pues como hemos visto en años recientes, quedó muy debilitado pues se rompieron sus estructuras desde los mandos medios hasta los más altos. ¿Los Zetas? Los paramilitares “esos” como que desaparecieron … ya no se habla mucho aquí de ellos. Algunos dice que otro grupo podría estar llegando. Yo no lo creo, yo no creo que alguien pueda llegar a ocupar el lugar que el Cartel del Golfo ocupó por muchas décadas en Tamaulipas. O por lo menos no ejercerá un monopolio de ese tipo.

Yo creo que ese lugar lo ocuparán los empresarios, si, los empresarios transnacionales—de todo, de lo lícito y de lo ilícito. Yo creo que acabará eventualmente la era del terror y del miedo en la frontera olvidada y empezará una nueva era: la era del capital transnacional, y sobre todo en el sector de los energéticos. Es curioso que la Frontera Chica se ubique precisamente en una parte de la Cuenca de Burgos, que es la reserva de gas natural—no asociada directamente al petróleo—más importante del país. La Cuenca de Burgos abarca una extensión de más de 50,000 kilómetros cuadrados, y su zona de influencia incluye los estados de Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila. Las ciudades de la Frontera Chica están ubicadas en esta Cuenca. Esta es una zona estratégica en materia de hidrocarburos, que tiene un potencial enorme (esperen a leer mi episodio sobre el gas shale). Desde hace años, existe aquí una participación importante de capital transnacional mediante contratos de servicios múltiples (CSM) para explotar el gas natural.

Me di cuenta de ello cuando pasó lo de Ciudad Mier en 2010. El municipio de Mier, Tamaulipas está localizado en la Cuenca de Burgos y aquí, desde hace algunos años, ya se contaba con la presencia de contratistas de Pemex. Quizás estas empresas se beneficiarán, sin haberlo pensado (?), de la guerra por Tamaulipas pues ya mucha gente se fue, aterrorizada por la guerra; dejaron sus tierra, y esas tierras valen poco ahora y pueden ser aprovechadas por las compañías petroleras que lleguen a la Cuenca de Burgos ahora que se abra más el sector de los hidrocarburos a la participación de capital transnacional si se aprueba la reforma energética en México.


[1]          Esta información proviene del sitio web del gobierno del estado de Tamaulipas: <http://tamaulipas.gob.mx/tamaulipas/municipios/gustavo-diaz-ordaz/>, consultado el 30 de marzo 2012.

[2]          Ver <http://tamaulipas.gob.mx/tamaulipas/municipios/camargo/>, consultado el 30 de marzo 2012.

[3]          Véase sito web del gobierno del estado de Tamaulipas: <http://tamaulipas.gob.mx/tamaulipas/municipios/miguel-aleman/>, consultado el 30 de marzo 2012.

[4]          Información proveniente del sitio web del gobierno del estado de Tamaulipas: <http://tamaulipas.gob.mx/tamaulipas/municipios/mier/>, y el del gobierno municipal de Mier: <http://www.mier.gob.mx/municipio/hidrografia.htm> (ambos consultados el 30 de marzo 2012).

[5]          Cabe destacar que el Puente Internacional Falcón no es un puente en realidad, pues no atraviesa la presa de lado a lado sino que es un camino entre la presa y sus compuertas.

[6]          Esto se otorgó como privilegio por la pérdida de Guerrero Viejo para la construcción de la presa.

[7]          Información proveniente del sitio web del gobierno del estado de Tamaulipas: <http://tamaulipas.gob.mx/tamaulipas/municipios/guerrero/> (consultado el 30 de marzo 2012).

[8]          Esta información proviene de la entrevista a la Dra. Cirila Quintero que tuvo lugar en la ciudad de Matamoros, Tamaulipas, el 2 de abril 2012.

[9]          Reynosa y Matamoros desarrollan el sector maquilador, especialmente Reynosa que continua creciendo incluso durante la crisis de los noventa y en los primeros años del siglo veintiuno. Nuevo Laredo no logra consolidar la maquila pues su polo de desarrollo resulta ser el sector comercial—no tanto la actividad manufacturera—y en particular las aduanas; la vida en Nuevo Laredo gira en torno a la aduana. Río Bravo y Valle Hermoso, municipios ubicados entre Reynosa y Matamoros, no quedaron tan olvidados como los municipios de la Frontera Chica; aquí hay cierto desarrollo. Operan, en cierto modo, como ciudades dormitorio—Río Bravo para algunos que trabajan en Reynosa y Valle Hermoso para otros que lo hacen en Matamoros. Además, en estos municipios hay algo de maquila.

[10]        Entre estos grupos destacan el Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE), Grupo Anfibio de Fuerzas Especiales (GANFE) y la Brigada de Fusileros Paracaidistas (BFP). Se integran posteriormente a la organización algunos miembros de las Maras y Kaibiles (soldados de élite guatemaltecos). Actualmente, los Zetas reclutan a cualquier tipo de persona, sin la necesidad de que posean entrenamiento militar previo.

[11]        Los Zetas surgen a finales de los noventa. No se sabe la fecha con exactitud, pero esta agrupación hace su primera aparición pública después de que fuera asesinado Arturo Guzmán Decena (el Z-1) en noviembre de 2002 en la ciudad de Matamoros. Meses después de este suceso, miembros de la organización colocaron una corona fúnebre y cuatro arreglos florales con la leyenda: “Te llevaremos siempre en el corazón: de tu familia … Los Zetas”. Y así conocemos el nombre del brazo armado del CDG.

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2 Comments

  1. Roberto Perezdiaz
    Roberto Perezdiaz on

    Muy informativo y bien hecho. Ya hace muchos años que no visito el Valle de Texas. Este artículo me trajo gratas memorias y aun cosas que desconocía.

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