En la boca del lobo

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Inmigrante indocumentada recibe residencia gracias a una ley para personas abusadas

CHICAGO, Illinois —María García* de 26 años, nunca pensó que al venir al país de sus sueños se encontraría con su peor pesadilla.

(© iStockPhoto.com/Julijah)

(© iStockPhoto.com/Julijah)

En 2002 García, originaria de Morelia, Michoacán, cruzó ilegalmente la frontera por el desierto de Arizona. Casi le cuesta la vida atravesar la frontera sin poder tomar agua y sin comer. El coyote que los traía le dijo que sólo caminarían por dos horas, y esas dos horas se convirtieron en tres días. Ella tuvo que esperar tres días más en una casa desconocida en compañía de gente de muchas nacionalidades; cuando arribaron a esa casa los que estaban en su grupo llegaron tomando agua del contenedor de donde las vacas también tomaban. Todos se encontraban a la espera que sus familias terminaran de pagar para que los coyotes que los ayudaron a cruzar los llevasen a su destino final. Mientras García esperaba ser llevada con su hermana, con quien cruzó, tuvo que aguantar el dolor de las heridas provocadas por los árboles mientras caminaba a Arizona.

Recién cuando la familia de García realizó el pago ella fue finalmente transportada a casa de su otra hermana en Chicago.

Luego de un periodo de establecimiento en su nueva ciudad, García conoció y se enamoró de un hombre que ella pensó era su príncipe azul y se casó con él.

Con el tiempo José González*, su esposo, se volvió agresivo y empezó a golpearla, pero ella, como muchas mujeres indocumentadas tenía miedo de denunciarlo. Ella no sabía qué hacer. Comenzó a realizar algunas investigaciones y descubrió que existía una ley que ayudaba a mujeres en circunstancias similares a las suyas.
VAWA (Violence Against Women Act, por sus siglas en inglés) es una ley que ampara a las mujeres abusadas. La ley VAWA fue aprobada por el congreso de Estados Unidos en 1994 y establece que cualquier mujer indocumentada, que esté casada o sea novia de un residente permanente o ciudadano que la abuse físicamente, es elegible a que su estatus migratorio cambie a su favor.
Según la página www.immspec.com/green-card-through-vawa.htm el proceso para solicitar ayuda no es complicado. En primer lugar el/la afectada debe solicitar la forma USCIS I-360 (Petition for Amerasian, Widow (er), or Special Immigrant, por su siglas en inglés). Luego debe enviar la documentación necesaria (acta de matrimonio o divorcio, prueba de que fue abusada, y acta de nacimiento de hijos), para que su solicitud sea tomada en cuenta. Cuando la solicitud es recibida, EL Vermont Service Center (la oficina de ciudadanía y servicios migratorios) le enviará un comprobante verificando que recibieron la solicitud o le enviarán una carta explicando las razones por las cuales le negaron la ayuda.

“Después de casarme pensé que todo sería diferente, pero siempre tenía miedo de ser golpeada,”, comentó García.

De acuerdo a la página www.transformcommunities.org el problema que existe es que muchas mujeres no se encuentran informadas de los programas de ayuda disponibles para casos como éstos.

“Con mi desesperación acudí a la organización Mujeres Latinas en Acción. Me ayudaron y me dieron apoyo,” dijo García.

Mujeres Latinas en Acción es una organización sin fines de lucro que ayuda a las mujeres latinas con problemas y provee servicios que reflejan los valores y la cultura en la problemática la sociedad hispana.

“Sólo la persona afectada puede decidir lo que quiere hacer. Nosotros estamos para apoyarla si necesita ayuda con necesidades básicas y proveerla con la información de los recursos disponibles,” expresó Neusa Gaytán, directora de programa en Mujeres Latinas en Acción de Chicago.

Los requisitos para que una persona sea amparada por VAWA es que el abusado tiene que estar casado con un residente permanente o un ciudadano y si el abusado es un hijo, éste debe ser menor de 21 años. Pero el parentesco con el abusador tiene que ser probado.

Cuando García le pidió el divorcio a González éste la empezó a acosar, llegando al punto de esperarla afuera de su trabajo y seguirla.

“Tuve que poner una orden de restricción y hacer que mi número de teléfono fuera privado”, dijo García.

Cuando una mujer sufre de abuso debe tomar ciertos pasos para poder obtener tranquilidad. “Primero se tiene que pensar en un plan de seguridad, después platicar con una consejera si lo necesita; pero nosotros creemos que sólo la afectada decide el curso de su vida,” comento Gaytán.

Ahora García ha estado divorciada por casi un año. Ella espera con ansiedad que pasen cinco años para convertirse en ciudadana.

“Después de que recibí la carta que decía que iba a recibir la residencia me sentí satisfecha,” acotó García.

Finalmente García decidió rehacer su vida con un nuevo amor. Con su novio actual, quien por coincidencia es ciudadano de los Estados Unidos, planea casarse pero por ahora quiere disfrutar su noviazgo. “Estoy muy enamorada de mi novio y creo que no valió la pena pasar todo lo que pasé por obtener un pedazo de papel que me hace legal”, dijo García.

Aunque hasta hace algunos meses González continuaba acosando a García, pero ella ya se siente más segura al andar sola por las calles.

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Nota de la autora: (*) Los nombres de los personajes de este artículo han sido cambiados por razones de anonimato.

Nota del editor: Este artículo fue publicado previamente en en el diario Imagen de Zacatecas.

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